miércoles, 9 de noviembre de 2016

Valleverde

Pelambre metida en oscuros

dedales ,chupitos de miedo

que golpean la pacífica espalda
de las tumbas.
El salitre erosiona las bocas su reseco beso nos catapultó al erial de asideros donde el lenguaje palpita como los ojos sucios de los mineros.
Antifaces de hollín nos recuerdan
El salvaje pendular del reloj detenido, escapando de la tierra, de la montaña. La victoria
del iluso espesor sacude la parca mandobles de irracional esfuerzo decapitando las veladas de los cadáveres que quedaron dentro.

Tributo a
Que verde era mi valle
De John Ford.



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