jueves, 25 de febrero de 2016

No mires llorar las piedras

No veas este rostro, de
nácar encendido,
de luna polvorienta
que tiene hemorragias
transparentes de lluvia
ensuciándose de ternura.
No veas esta espalda quebrada en el miedo pidiendo que no la humilles.
Por el tahur de corazones desprendidos de una baraja envejecida,
juego todas las veces su destino. No mires este brazo deshecho,
entrada de ambulancias rodeadas de salidas donde el fármaco hace claudicar
a los vencedores trotando
respuestas con voces susurradas al olvido,
que me mancha y no me deja en paz.
Y siempre me recuerda solsticios de llagas enfermas en mi mente
Trasquilada como una oveja esquizofrénica.
Temido llanto de fuga.
No mires llorar las
piedras.




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domingo, 21 de febrero de 2016

Su cacería

Los tejados de escamas
Alimentan felinos
Como peces de una pecera sin agua
Vomitados del interior de un estómago
Purgan en el aliento
Nocturno de la ciudad
Su cacería​


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Aflicción

Aflicción, no elegimos de dónde venimos , elegimos a dónde vamos, hasta llegar, a un punto donde podamos enseñar la diferencia , algún día , entre necesidad y huida, entre deseo y fractura.​



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La realidad y la irrealidad

La realidad es esa masa que confronta deforme el muro que tengo que atravesar todos los días.
La irrealidad es el otro lado de la forma que dibuja siempre mi silueta y que es atravesada por mi inocencia
Y mi necesidad.



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La belleza

La belleza es inmortal en cualquier ventana al precipicio.



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Las aguas rotas

Las aguas rotas de la niñez se repatrian en cajas pequeñas
con tiernos objetos dentro de la lápida del pecho,
arrancando una mecánica de óxido y de bruma.
Un termómetro aspira el mercurio del pasado con una febril ausencia de simulacros.
Y en el ovillo de donde sale la persona tejida
hay un remate que se deshilacha y se va deshaciendo
Como un terrón de azúcar mojado por la locura.
El hermetismo amargo no se deja endulzar,
la caja sigue cerrada y vacía
Una vez estuvo llena y abierta.​




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El vaivén

El vaivén de este riachuelo sólo riega los deseos .
El zarpazo que en mi cama se acuesta hiere la sonrisa
soy un suburbio di laminado en carreteras de un nudo que se enferma
En el centro de la ciudad.
Y aglomera el aurea de un tubo de escape que respiramos
Dentro de un cenicero.
Dime ,durar en la esquina de los mil caballitos rubios que se peinan de corruptelas
es desafiar a la muerte la inanición que tiene la fortuna destinada a los amores-perros?




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El potro

El potro cabalga por las venas,
con un tridente encendiendo los ríos,
de queroseno. La explosión del acento maniobrado,
que los duelistas ponen en las cartas de defunción,
son agujas que la vida ha dejado de enhebrar , sobre el muñeco de trapo,
que la literatura moldea en su último adiós.
y la dedicatoria del libro que empieza a escribirse en otros,
es un jinete agarrado a las riendas de la adicción. ​



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Narcisismo

Viviendo en tu espalda
recorro la misma distancia
cuando te acercas
como cuando te alejas ,
pero nunca me encuentro con tus ojos otra vez.
Desde el día que me los cerraste al descubrir
que te habías enamorado de tu reflejo.



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Un amuleto

Un amuleto que desterraba pesadillas.
Se cernió en las ristres minúsculas de una voz,
que recitaba, creciendo en el óculo de la cueva por donde salía el humo de sus esferas, allí donde los alumnos se reunían.
La voz fue creciendo entre el despertar, del arte que influía en ellos
y el atrapa sueños ya no desterró pesadillas,
amamantó el deseo de envolver las estrellas en una bahía lunar.
Un mordisco lactante que la luna rellenaba con una sonrisa.
De aquellas reuniones modelaron sus esquejes los centauros del colegio que de la subjetividad,
Galoparon su porvenir entre la voz, que de la poética sustancia y la ceniza creó a un poeta.
Los dientes sudaban mordiscos de viveza.
La manta de la mentira adornaba las ciudades.
Toda la irrealidad se comía la pasión y ahí descubrió ,que la mentira deja un molde de sanguinaria virtud.
Y encontrarla es una odisea.


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Entender

El mundo me acaba de pestañear una resurrección
un amuleto se esconde en mis tripas
las sombras crecen en la lápida de la espalda.
Y mi estómago se revuelve como si tuviera un parásito.
Empiezo a mudar la piel como desdibujándome de mi propio boceto.
Y repto hasta el nido de huevos que las alondras mimetizan en la noche.
Hasta que en la amanecida descubren el banquete que me he dado
Y los bardos me sentencian con odas, porque me he alimentado de ellos.
Y ahora entiendo.



 

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El cristal

El cristal donde miro mi presente.
Se fragmenta con la esquizofrenia.
Intentando unir los pedazos que quedan;
Ahumados por voces distintas a la mía.
Reflejadas de futuro.


 

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Si te reflejas

Si te reflejas en todo lo que te apesta.
Quizás seas tú el que apesta.
Si criticas todo lo que envuelve ese reflejo.
Entonces eres tú ese reflejo.
 
 
                                                                              a   Lucas
 
 
 
 

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La hora

La nube rota de mi garganta
vomita la hiel del día.
Los nudillos deformados abiertos
como peces en el mostrador.
La muerte siempre juega a esquivar
los conos de una carretera
con demasiados accidentes.
Y el oficio de matón desnuda,
una hiriente llaga de conciencia,
que negocia la moral cuando te llega
a ti la hora.





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Norman Bates

Las cortinas de la ducha siempre reflejaran una psicosis.
de siluetas que hace que el baño se acelere,
con una rapidez que lejos de ser placentera,
te llena de escalofríos. Y cubres tu cuerpo de desconfianza.




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Clavos

Clavos de sentencias afrodisíacas se retuercen en la tapadera del perfume.
Tu halo me refresca la memoria transitada por buitres de apetito aluminio.
El hierro de tu sangre es sudor de la tierra naciendo en mi olfato.
Sólo tú naces y mueres en el instante que llegas
para recordarte en el instante en que te vas.​



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sábado, 20 de febrero de 2016

Navío

Navío de sueños escoltados de experiencia.
La nube se descascarilla en el zurcido de tu sonrisa.
Con ella abres puertas del amurallado destierro.
Naciendo de una ebriedad a sol enjuto dispuesto a morir,
ese día en la fábrica de mis labios.




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Escobas

Escobas en los párpados.
Lunas de arena metida en relojes,
de tiempo perdido ,disolviéndose en la mano
como pastillas efervescentes.
La pizarra de los tejados se di lamina y levanta
su sombrero con el cráneo de los pensamientos
llover segundos en forma de notas musicales.
Y alguien barrió partituras en sábanas
nacidas de orgasmos ya germinados
En la malva tatuada del ayer.
Para a contrarreloj imitar el concierto de los cisnes negros.



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Doce enanos

Doce enanos portando cada uno una hora.
Vienen a visitar con pesadez las últimas frecuencias ,
el reloj decide parar.
Con un infarto de leche negra y café blanco.
Todo al revés minuciosamente escrito. La utopía sólo llega,
para quien puede pagarla. Y todos pensamos !vaya mierda
de utopía! Mientras dirigimos una última mirada al reloj de la fábrica,
que no se para nunca, se derrite en los incineradores el cuco de plomo,
de los días sin pan. Y todo sigue igual.




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Siameses

Trampas atrapa besos nievan en el ahora de tu llegada.
Sin tu camuflaje, la vulnerable línea de flotación se hunde.
Soy mecánico de nervios de alambre roto.
Soy un juguete de madera calcinada, con todo tu ajuar hechos y
negocios ,con los juguetes de los niños han jugado otros niños.
Ya tienen otros nombres. Como tú te cambiaste el mío .
Ya no quedan rastros de rumores de infancia, de lo que nació de los dos.
Des nacidos collares de circo que murieron unidos por su cerebro.
Como nosotros estamos unidos por los besos.



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Del otro

Al amparo de ciegos, dislocadas sus vistas.
Una campaniforme cúpula como aúrea nos nombra.
Una corona troncónica de levaduras y hálitos como,
faraones de plateros que se sacan la navaja en los ratitos,
de sobremesa y que se hacen llover volutas de acosos silenciosos.
Nadie camina solo aunque se sienta solo.
Miradas de oscuros prejuicios nos iluminan a todos la coronilla,
cuando dejamos de defender el amor del otro.




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Naciendo

Naciendo entre estómagos de gelatina.
Duermo un minúsculo ayer en el día que despierto.
La mecánica de mi interior sale de la entropía y reafirmo,
lo que mi reflejo desvela como huevillo de luciérnaga.
Des nacido me arrojo al abisal destierro que las ganas de vivir,
Metamorfosean y prendo la llama de mi interior para alumbrar
el baile de máscaras que los ovillos de las crisálidas o pupas.
Esperan. Luceros de lejanía en la cueva.
Gargantas de tiempo fugaz gritando auxilio, para desde la misma gelatina.
Hallarse volátiles y libres.


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La poesía tuvo la culpa

Me abres pequeños atardeceres inventados en tus ojos.
Me llenas de mordiscos lunares donde la sonrisa abre también pequeñas bahías.
Relámpagos de leche llenan de temblores nuestras horas de espuma complacida.
Nadamos juntos una marea mitológica que nos bebe como corderos sacrificándose.
Así crecemos dentro de un cuerpo ya crecido, dentro de cada uno. El otro. Se reafirma.
En que por fin algo nos completa .Y es la poesía que hallamos del otro la que tuvo la culpa.
La que sostuvo la balanza de nuestros miedos, y la que balanceó el columpio de la niñez.
Unidos desde siempre por el juego que nos escondía. Encontrándonos en nuestros versos.


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Madre no te mueras nunca

El secreto de tu cocina,
Cocidas nociones de declive.
Tu secreto no miente, el mundo fue testigo de nuestra hendida llama.
Y nos engañaron los árboles que no nos dejaron ver el desierto,
del que nos hablaste madre; Ahora desvinculamos el reseteo del código
de barras que nos ancla a esta realidad y esperamos volver al centro
a que nos susurres recetas para resistir en la llaga inflando nubes de melancolía.
Así se cocían los días sin ti, así nos freíamos indefensos en la panza olvidada
de tu sartén, el dorado de tu pelo brilla como sable de luz cuando al llegar al final
del camino tus ojos abrían una portezuela al hogar. Madre no te mueras nunca.




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Camino

Camino cosmogonías por un alambre .
Descarto la inflamación de la palabra subjetiva.
Esto es un párvulo descenso hacia el nacer,
dentro del cuerpo ya nacido. Y en pálidas sentencias seguimos buscando.
Al poeta asesinado por la obtusa mirada del fascismo, que lo sembró a tiros
sobre un campo de miles de Federicos, noches naciendo de los días,
trago perros cuando leo los poemas de tus llagas y me revuelvo de hilo fiero.
Para tejer palabras que busquen como sabuesos el rastro.
Campos regados con sangre, no dan frutos sumisos.
Palas al viento ,desenterremos las cunetas. Busquemos el inicio y así reconstruirnos
De descanso.



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Techos

Techos de humedades, mapas con estelas del cielo ya llovido.
Ya llorado. Tienes en tu interior un techo que guardó.
El dolor de otro. La pasión de otro y muerto te nace otra vez
El miedo a que se te caiga encima ese mismo techo.
El mismo que no me guarece a mí. Que me dibuja caminos
perdidos sin salida hacia la llorada sepultura de lo nuestro.
Me miro en ti y soy la intemperie que queda tras los desengaños
que no te deja fiarte de nadie.




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Mi enfermera

Me arrojo al espejo como un silencio indefenso.
El mármol venado se me adhiere al cuerpo.
Me mutilo el rostro de voz cuando recito la nana
que mi conciencia canta a las otras voces germinadas
ya en mí y sólo encuentro paz en la mirada de una
desconocida enfermera. Que con su sonrisa apaga y enciende
La intermitencia que me guía por carreteras de doble dirección.
Sereno ya conduzco otra vez la marea de los adioses, sin que mi ciudad
Me devore lentamente como el que se come un huevo cocido.





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viernes, 19 de febrero de 2016

Los domingos son para el jardín

Los domingos son para el jardín.
Los nervios se adhieren al barro. La cuna come jazmines
dentro de los biberones. Clamor de llagas hendidas en la piel hecha
manta de los días ,su cuero viste pesadillas sin el miedo
apolillado de los poemas, que se mecen en la cama como golondrinas
Con claveles en el pico.
De un silbido nombrado entre las eyaculaciones del cielo.
Los pétalos musitan la fragancia del viento lleno de memoria.
Te entrego la mandarina abierta en gajos como las cancelas
de mi pecho hechas jaulas.




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Desván de juguetes sin niños.

Nos nombramos en la altura con vértigos de alambre. Sonámbulos en cornisas de playa rota.
La plata de la luna nos miente, nos alienta a buscar
el tesoro de las nubes somnolientas ,donde se guarece
invitada por vos la almendra lunar.
Y de sus jugos enloquecidos despertamos en el atril
de la noche inventados con la hojarasca otoñal guardada
En los álbumes del viento herido y descubrimos síes, glorias de ayer
empujadas por los dos a un desván de juguetes sin niños.




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Un as en la manga

El delicado hospicio que proporciona una mujer embarazada.
Completa la magia desbordante del sentimiento de patrón
De un viaje al infinito de tu propio ser. Una rueda que gira.
Generación tras generación con los caprichos de la genética.
Mezclándose dentro de una baraja llena de efervescencias.
Emocionales. Y que te llena a la vez que te conecta con el brillo
del mundo cuando sale el sol por tu ventana ,convirtiéndote en
un jugador con un as en la manga.



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Ajedrez

Entre la negrura de las fichas de ajedrez.
Zurzo una estrategia que te haga vibrar como.
Un escalofrío .Día a día entablamos.
Esta partida para seducirnos sutilmente y desenredar
la disputa que te lleve a mi cama. Como un vals de armonía
silenciosa giramos por la órbita , como satélite embriagador.
Y con el vaivén del rotor te desplomas poco a poco en cada movimiento.
Entre jaques dibujamos un tablero diferente, circular, sin esquinas.
Ni heridas que nos mutilen en el campo de batalla.
Las ganas del armisticio final.



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Mejorar

Los relojes se ponen a tu hora des nacidos del sueño.
Acurrucados en tus senos, alimentas cada segundo creado en tu interior,
la esperanza de que el mundo sea de otra forma.
Tú cambias destinos de gente siempre con el mismo destino.
Tu sangre hace de los árboles centenarios,
Cumpleaños de la tierra regada por lágrimas y tiempo que pasa
cimentando sólo un deseo,
Mejorar……




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El cuero de los días

Tu voz es un molino de inventos agigantados.
Es el eléctrico desnudar del viento.
No te toca el armisticio de las pausas de negación.
Que se mojan invernadas en las locuras del que lee.
Aspas de mimbre, velas de atlánticos destierros escriben en tu
espalda las cartas de amor , que nos construimos en el cuero de los días.


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Jinetes del cielo

Jinetes del cielo roto llamando a la noche.
Llovida desnudez del velo ágil.
Clavos que sujetan en el horizonte el paño de la mañana.
Nace un miedo en la diana perdida.
Una occipital presión nos conduce hacia delante
y pregunta por las clepsidras del naufragio mecido en el ayer.
Para encontrar la huella dejada en el sentir de los aventureros
al descubrir tierra en el vacío de las pesadillas.



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Tus deberes

Tú callas la ausencia desvirtuada del clamor, que pinta el cerebro
de euforia, y miel izas con tu palabra la afirmación insegura que nos aborda.
Cuando te reinventas en los púlpitos agigantados del amanecer.
Heráclito en balanzas que se izan hacia mármoles desprendidos
columnas salomónicas venas de camino, un orgasmo moldeado
en los paladares del pantocrátor. Así. Así la fidelidad de una imagen te hace colgar
el hábito y te entregas al hedonismo de las ninfas y los faunos.
Tetramorfos , gárgolas lamiendo la virginidad devorándola como perros rabiosos
construyendo tu propia catedral sin dogmas de fe.
Levantada con burbujas de la piel y gozos que dejaron caer el velo obtuso de tus deberes.




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La mentira nos hace pastores

Góndolas de carne atraviesan el infierno de los
carnívoros, el bestiario deshuesa alambiques
en los gaznates de los piratas. Nunca se ve a los perros
de la guerra agitar banderas blancas, y tirarlas como toallas de boxeadores,
ensangrentadas, pidiendo parar el combate ,pero están ahí en el ideario del cónsul
negando a la muerte sus vítores de polvo y sangre.
El pueblo educado en el miedo será dos veces útil
Una de ida y otra de vuelta. La mentira nos hace pastores
de corderos igualmente sacrificables despeñándolos por
el precipicio de la hambruna sin remedio.



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Llama para ti

Decoro mi libro por dentro, el que quiero que leas, cuando
me abras. Anuncio que no es una historia idílica, pero sí sincera.
Entre irregularidades afectuosas crezco como un roble de tierna
madera. En mis ramas se columpian los presentes del verbo querer,
y después del maltrato recibido escribo torcido, versos que quisiera fuesen
flechazos del pecho abriendo su jaula. Te invito al viaje sin pasajeros.
Tú puedes pilotar el leño hasta la otra orilla, donde se mecen los títulos
de los libros ya leídos. Titula tú este poemario y sálvalo de la quema
memorizando sus letras, que hicieron llama para ti.




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Ardor de elegidos

La noche se escapa entre los labios
con sabor a ti. Un diminuto complejo
me ioniza de atmósfera y me dibuja un cero
en la mano. Círculo gravitatorio ,punto
de gravedad acariciado por la sospecha
del inframundo, fuera de ese óculo
un panteón de memoria tañida se edifica
un lugar de humildes pronósticos
me eligen. Y entro en ti con devoción
me alumbro desde el apéndice, hasta
una sombra alada llena de absolutamente
todo el amor que encierra mi círculo y noto
cómo me descorro como telón para bañarme del brillo
de tus ojos ,páginas hechas ardor de elegidos.
En un teatral ollar perezco.



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lunes, 15 de febrero de 2016

Sin vos

La noche se descorre como un telón inflamado.
Tu sabor ejecuta cualquier intención de abandono.
Nadie encuentra lo que yo encontré de casualidad
el barco lleno de flores recién abiertas,
escupe un aroma a ebriedad narcótica, casi veneno
que dulcemente se vierte en mí y me paraliza.
El autocontrol , la motricidad se devalúan
y acabo andando como un niño recién
se haya echado a andar
y descubro la raíz enterrada en ti
anoche perdí totalmente los papeles;
Empecé a perder la partida
cuando tú decidiste bailar un tango para tres.
Y hasta que no pare la música,
se incendia la mecha de este día
anárquico y dibujado en viñetas.
Un laberíntico desenlace me lleva al centro de la ecuación.
y siempre sobro yo ,
Un decidido y amable ¡No, gracias!
Y que ahora se queme este día sin vos.




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Sin ningún susurro negro

Pescamos orgasmos en océanos de miel.
Rúbricas de hilados caminos
siguiendo el techo del mar.
Los anzuelos se comen como
cortinaje del claroscuro trinar del hambre.
Y abajo hay espejos difuminados
Con su perfil aleteando la mentira.
Todos los gallos la trepan para cacarear.
Después se disipa el nudo de senderos
abiertos en tu abdomen de marfil
y dormimos la nomenclatura de los castaños en flor
sin ningún susurro negro.


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Secarse

Me gusta tu pelo de maíz tostado,
tu frente llama hacia el muro donde pegas
el maquillaje del viajero.
En la radiografía de mi existencia ,
hay un tallo color humo que negocia
con el doctor las defunciones.
Los piratas llevan en su bandera
Las radiografías de dos tibias
robadas de la caseta del perro.
Y no hay tiempo para ser canalla.
Embudos en la cabeza.
Camisas de fuerza.
Un matasuegras
Y ahora mi locura por ti será convencional
ya nada ni nadie violará mi palabra que antes
Se desvanecía invisible como una voz de terciopelo
emanada de una caricia anónima.
Casi virginal.
Sólo tú sabes el sabor de saber lo que la savia madura
hace con la herida en la madera vieja.



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Alzheimer

Todo lo construido al elevarse se estresa,
todo lo conseguido se eleva hacia. Una consagración del instinto que te premia con la ligereza de un tributo a la superación.
Después caes como un plomo sin lenguaje
que te hace comunicar
 el hundimiento de todo el impulso que te hizo vibrar
en la vida.
PARA PERDERTE EN ESE CHARCO mutilado
de tu mente herida por el
Vértigo del Alzheimer
difuso pesado del lento
e inhumano desconectar
del satélite de tu comunicación.
Aprendiendo a perder.
 
 
 

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Certeza y mirada

Pertenezco a esa modulada
masa de informe belleza
que trabaja la artesanía.
Lazarillos de involucradas sentencias de final
Que representan un principio construido de tallaje y pasión.
Viruela de la mentira,
Curada de salinidad.
Cada gota de lluvia es una lupa para la senda de la savia estriando los ríos
del corazón.
De sabiduría añorada.
Por el arte hecho conjugados moldes de certeza y mirada.



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sábado, 13 de febrero de 2016

El amapolado néctar de la vida

Tengo humo en las venas; el vaivén me mece en una quemadura
invisible, nace del calor que me entregas entre asustadas
privaciones del yo. Me fundo en mareas de hedonismo perdiéndome
en un goteo de vida. Tú me disecas el trémulo sollozo de placer,
te lo guardas como cazadora de orgasmos hechos vestido, un terciopelo
de caricias como manta animal que cubre tu pared, Africando la llama
de tu farol, así me coleccionas en un rasurado brillo de oro del traje de voz
que te viste de amante con un disfraz de amazona rebelde y cautelosa.
Algún día descenderé de ese púlpito hecho galería de taxidermias
y me rellenaré de ti, como lo hace el cuerpo del amapolado néctar de la vida.





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La mies acariciada de los dedos

En una llaga de estrías dormidas
nace un hombre
desde los campanarios la orla
difusa crece y se ve desnucar
duendes de sus aureadas
nostalgias, piensa campaniforme
en el libar anestesiado de sus besos.
No la nombra, sus gemidos ocupan su disturbio
antagonista. Ella es y será siempre
la tejedora de la tela
donde atrapó su compasión.
Di tú espiga de heno
si la mies acariciada de los dedos
y el dibujo de tu mano acentuada
hace la moradura del eco en su voz
para mil y una vez perpetrar en su barriga
una semilla que construya otro campo
lleno de esperanza.



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El primer tejido bombeando sabor.

Las flores hablan al olerlas, su aroma tiene hebras del sol,
regadas de lactancias con el destete,
fabricando la danza de las abejas.
Alrededor de tus hoyuelos tu sonrisa ejerce el mismo reclamo,
es una fuente dentro de un desierto rodeado de carmín,
te come el deseo con tragos celestes,
espuma de nubes deformadas antes juguetes en el idilio de una solitaria ave.
Y sacia la sed de piel con piel, con la hidratación de ese desierto convertido,
en el fondo de un océano lleno de fósiles de besos, antes de tocarnos los labios.
Después de la polinización nos deshojamos perdiéndonos en el viento interno,
que da forma por fin a esas nubes colgadas de orgasmos, hechos pétalos nutriendo la tierra.
Los insectos nacen de nuestros triunfos, pequeñas nostalgias llenas de crueldad, no saben,
que fueron las pasiones las que sembraron el primer tejido bombeando sabor.




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Morir es injusto

Hay zanjas en mis párpados, la distancia abierta,
entre puertos hace crecer los ladridos de los perros de la guerra.
un banner fluorescente guía a los bultos por las trincheras del submundo,
y habitamos de sombras las sombras, las bengalas son la única luz
al final de estos túneles abiertos, displicente espera al final de ellos
el escupir a discreción de las balas sobre todo y todos.
La parca nos habita rondando los bebés crecidos que parieron
las madres ,en posición fetal. Des nacidos lloramos la guerra,
¡la maldita guerra! Morir es injusto.




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chupitos de miedo

La riqueza del tiempo muere entre mis manos,
los gorriones penetran en el cielo su fragilidad
La realidad nace de los bostezos inexactos
en el perímetro dedales de licor esperan a los héroes,
llegar al fin , y mueren las temperaturas entre taconeos flamencos
de un delirio crispado mecido en el velo gris del humo
que sale de los pulmones de la ciudad.
La guitarra habla sola entre penumbras que la noche se traga,
Como chupitos de miedo temblando en el pulso de un anciano.



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Luchar

Temblores eléctricos se desmenuzan como un bizcocho
en el café frío de la mañana,
los ratones sin orgullo descubren sus ratoneras cada amanecer.
Con un súbito ruido,
el día se instala en sus ojeras.
La lenta introspección mece sus ganas de escapar
y la morfina disgrega su dolor al entrar por sus venas.
La eclosión de las flores vibra con segmentos musicales
nadie puede hacer descender su góndola de sueños nacarados,
sólo la dosis le aleja del cáncer.
Intruso en él
sigue luchando......


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El labio recién mordido

Cicatrizaría el mar para ti, tendiendo así un puente entre puertos,
Las estrellas iluminarán mis pasos despiertos y no tengo miedo.
En la planicie desértica entre mármoles de musgo , las venas diseñan
la arquitectura del muerto y oigo la voz del ángel desvistiéndose
 su amapola florece en tu maceta. Noche en mis ojos.
Los nervios son hilos sin fuerza esperando ser tejidos en tu espalda
miradas de algodón trémulo incendiándose con el fuego de tu vientre.
Nace tu luz escondida entre sollozos, llegamos juntos al éxtasis del horizonte
donde tu color se torna carmesí como el labio recién mordido.



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El silencioso pudrir del miedo

Del rostro me salen alfileres que sujetan la mentira grabada en mi palidez.
Tu diseñaste la máscara que pegándose a la crueldad amorataba la presencia
 del mundo dándome la espalda.
El maltrato en un niño es la última frontera del mercader de indolencias e ingratitud
 las palomas defecan en mi suerte.
Las tumbas guardan muertos injustos.
Ya he crecido , he tendido un telar. Para atraparte en tu desprecio. Y has sido devorado por
el silencioso pudrir del miedo que hace tragarse la vejez a solas. "Papá."



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El líquido amniótico de la mentira

Del disturbio de las marismas que encarna mi vida.
Levanto con fuerza los pies di laminados por el entumecimiento,
y las pizarras de los techos se derriten también como el barro
en la nebulosa de niebla y colchón que el deseo mete en los suelos,
inestables de mis anhelos,
triangulando noches de mínimas pasiones
Descarnadas como el cordero en la mesa de los comensales,
todo se deshace.
La solidez del tiempo creando metas,
se combustiona en ceniza dialogada
en un ayer líquido.
Regando una tierra de humedades ocultas,
de tobillos quebrados por las percepciones
ahogándose en el amniótico líquido
de la mentira
que nos rodea y nos cuece lentamente.



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No morir solos

Desde ayer no te encuentro en los lugares comunes.
Me habito de miedo y de piel que se arruga con el vacío
De los estertores clavados dentro como cuadros
decorando la lejanía del pergamino del cuerpo,
que se escama de despedidas.
Tan sólo debiste decir " te quiero".
Ahora tu sabor se pierde a veces con el café y siempre
Con el alcohol. Intento no mentirme.
Difunto de nostalgias invernadas en la borrachera
Me empapo de ti , de tu recuerdo tartamudo
Que me hace hablar sin torpezas inventadas
Te has ido y yo, contigo desnudo mi sombra ,no me encuentra.
Me pierde identidad, ya, no hallada nada más que cuando tu noche
se me acerca sigilosa y me llena de muerte. Durante un instante
Me encuentro contigo y te recupero bella como recién coronada
En un baile.
El último día que danzaste sobre esta realidad carcomida por el cáncer.
Ya, eras la dama sacrificada en los tableros de ajedrez del cosmos.
En una partida que siempre perdemos los románticos por ese deseo de no morir solos.



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Longevidades a mi cama

Me desvisto del ángel imperturbable,
que mecía mi silencio y que
me desvió del lado donde se clausuran los abriles
preñados de fe.
La misma que siempre me faltó,
en los momentos de victorias
aquellos de los que no trajeron longevidades
a mi cama



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Noctámbulo de noches sin corteza

Noctámbulo de noches sin corteza,
carne de lunas transitadas de olvido,
sinuosa la delgadez del fino estertor.
Nos mira dentro en el habitáculo del tigre,
donde las costillas amasan la llama encendida
tantas veces como la silueta de una vela hiela la sangre
y ahí nos mueren los acordeones sentidos respirando
la asfixia del intruso que refleja impostor su retrato
en el cristal turbio que el vaho dibuja en la pérdida.


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Grafiti

El muro diseña el dibujo del grafiti
tiembla la solidez de esa presencia
su identidad llena de imperfecciones
deambula la firma.
La misma que destruirá el muro
lleno de personalidad.




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miércoles, 10 de febrero de 2016

El membrillo luce para el pintor su pose

Un desnudo de alas perforadas.
Deshabilitando el nervio transigido del amanecer
allí todo se limpia se humedece de un carmesí que llora.
Mil veces la negación del día que muere
diez claveles rotos de dolor
asesinados con una mentira,
sobre muslos de almohada
la figura femenina dormida
como pétalos de otoño sufriendo
la lentitud del beso, que nace de tu
imagen dominada por la belleza de la luz
resbalando por la cara inventando disimulos
de arroz y uvas. Bañadas por el rocío de la certeza.
El deseo inventa para mí una brújula de añiles y fiordos
del nácar muerto de la pasión.
Y así reinvento otro día para ti
desde lo profundo del cajón donde ocultamos el sol de mimbre
donde el membrillo luce para el pintor su pose.




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Compromiso

Y de las estancias del azulado disturbio
que negocia lealtades de limo y néctar
una palabra inventa anzuelos de seda
donde los orgasmos de terciopelo realizan el trámite
al interior del nido.
No te mientas reflejo, el huevillo de luciérnaga,
que se arroja al interior del espejo procrea,
la trémula piel de un bombón,
con licores de ausencias encontradas,
en el hábitat de un pescador que lanza el sedal.
Al infinito de esos ojos encendidos por el deseo,
e inicia un diálogo que le enmarca en la palabra
compromiso.



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El maquillaje del miedo

La lluvia te limpia la almendrada tersura de tus pómulos.
Me reinvento en la fábrica de tus senos de almizcle y hierbabuena,
con la leche de ellos me construyo de cuajada y miel.
En tu regazo nacemos de la estancia que consume el atril del yo
y así nos adjetivamos de paciencia y nido,
para sabernos deleite de nuestros celos,
tamizados con el maquillaje que el miedo,
hace temblar cuando las iridiscencias se vuelven tímidas.



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Olvidarte me llena de olvido

La siembra en mi mente disecciona todas mis costumbres.
Tus semillas crecen en el amparo de mi locura.
Los recursos son memoria revivida, brotando en mi sombra.
El muro donde se refleja se llena de quebrada soledad.
Y las raíces de tu ausencia germinan en mí como cosecha,
no recolectada. Entre paredes que se estrechan el cultivo,
se pudre y olvidarte me llena de olvido.



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La disección de los días

Me visto del hambre y del barro,
que converge en las estaciones donde la hiedra,
penetra en la hendidura de noche y amapola.
La llaga tensiona el lucir diametral de la esponja,
que absorbe las dudas y no miente en el perímetro,
aislado del jugo transitado de la interrogación.
Me visto de circunferencia que orbita los claveles,
marchitándose con cada rumor cíclico.
Pelándome con la disección de los días en una
taxidermia que cobija el péndulo de mi tiempo
en un reloj dormido.



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Dragones que nadie quiere molestar

El decorado tabula elecciones sin personalidad,
la ordeñada presencia del protagonista,
nos hace a todos personajes de tierra y miel.
Los bufones disocian la carcajada en un milimétrico,
compás de sarcasmo y presencia.
Comicidades de caminos sangrando nostalgias
hieren en la penumbra del hombre, una empatía,
que transpira mensajes curvos rodeando el cobijo,
de la víctima en el hollar contemplativo del espectador
que capta el mensaje de claridad tan a veces oculto,
entre sociedades colibrí.
El libar de los pistilos nombre nos apellida como guardianes
de la diversidad. La cultura tan incendiada poliniza,
los bosques en un desprendimiento de semillas esparcidas,
como mies de ladrones de guante blanco en el amparo del hurto
de las dictaduras respiradas en un letargo, siempre sigilosas,
Como dragones que nadie quiere molestar.
Perder ese diluvio de protestas nos desprotege ante la militancia,
del decretazo ,corrupto y sin memoria.




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Diamantes de una matriz sin soga

Ya con el vibrar del aureado sigilo,
se componen melodías entre cometas de playa negra.
Dos en uno, umbilicados con vértices de tiempo vainilla,
merodean el testero de la huida.
Y los palcos dactilares del comienzo,
aplauden la victoria de los orfebres de la mañana,
pendular y llena de alegrías.
Templados los abismos se comprimen en un reloj,
que mide sus tiempos paralelos,
la unión de los mellizos llena de perla la imagen,
triangular de la vida.
Diamantes de una matriz sin soga.



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Tributo a Oliver twist- Las calles son infiernos descarnados sin bondad

La negación de los rostros impermeabiliza su belleza,
temidos estambres de nácar florecen en el añil diáfano del mediodía.
Lotos de barros con fresas emulsionan cocinadas maniobras de súplica
en el dictamen del doctor de suicidios sin hora, el tiempo inventa para sí,
una piadosa mentira ,que el espejo llena de indefensión.
Los comedores están llenos de come tostadas que roen su victoria,
Robando pañuelos y carteras del pálido trastero donde Oliver twist.
Se ensucia la cara para pasar desapercibido.
Mientras Fagin le enseña los rincones conspiranoicos de la supervivencia.
Ángeles de demonios con resaca le hurtan paciencias sin norma.
Ni piadosas elecciones con suerte. Las calles son infiernos descarnados sin bondad.




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El acordeón soñados de mis versos

Humillo la temprana orquídea
en tu vientre relinchando
como potrillo recién parido
el color metido en bufandas se nombra timidez de diario de efebos
que zahondan un júbilo temprano en las décimas de la tarde cuando envejece y llora rojiza la tentaculada llama del horizonte.
Nos adivinamos sin prisa
la herrumbrosa nostalgia
del ayer.
Hoy soy mayor y disloco los días de su esqueleto para aprender la anatomía
de los deseos cabalgados
en el acordeón soñado de mis versos
que disparan lejanías al ombligo taciturno de tus caricias embriagadas
por un licor de juventud e inocencia.
Tus alas brotaron de las musas desnudándose al imparcial beso de las golondrinas.



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Ecuaciones de deseo sin ojal- Tributo a Rayuela

Las sonrisas que migran en la paciencia.
Tañen humedades del techo piadoso de los recuerdos.
Vaho de cielos empañando el cristal y,
el despido suicida sentidos de cartulina recortada,
mientras el orgullo se mancha de diagonales en el encerado
donde juegan princesas de diadema azul las tres en raya.
La decisión te espera en esa burbuja donde comienza la adolescencia
y la infancia deshojada recoge pétalos entre briznas de césped
desprendido dulcemente del pelo.
Esa primera mirada tras el paño de la inocencia,
mueve el edificio donde el estanque fluye por una rayuela
dibujada en el vidrio y allí espera la maga deshilvanar urdimbres de claveles.
Aojados en los rostros del invernadero infantil.
Tan febril.
Tan exacto.
Como ecuaciones de deseos sin ojal.



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Lienzos sin identidad- Tributo a Rebeca

Dentro de tu cuadro está el instante congelado de tu belleza,
esa mirada ambiciosa que te llevó a pudrir todo traje pintado en el disimulo,
se comía la competencia en el invierno maniquí de los reproches.
Rebeca diosa de Manderley.
Tejedora de hiladas marionetas.
El arte del fuego coció cuerpos de cerámica con la indolencia
Crepitando como palomitas en las manos de los alfareros.
Tritón te encontró en las fauces profundas del odio hundida en el tuyo.
En esa mansión de sangre y hielo
te forjaste la capa del pábulo necio de tu memoria,
las llamas trepan por el marco engullen tu rostro hacen de las formas una jauría de lobos encendidos comiéndose los telares, los techos, las paredes.
Manderley no volverá a ser lo mismo pero entre sus ruinas nace un idilio de renovación e inocencia
que migra como lienzos sin identidad.



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Laberintos de sendas sin memoria

La ingravidez del dedal
lleno de licor cose gravedades de helechos
mal podados.
Hiedras subiendo al reino
de los gigantes.
Aspas locas levitando en un margen sin cordura.
Necios robándonos la cultura de la democracia.
Decimos ¡basta! Y somos nosotros los que no bastamos.
Decimal paciencia allí con cuenta gotas te ilustras en
restas que no quieren sumar protestas desiguales.
Lecheras, mordazas la mudez es otro tipo de suicidio.
Que envenena la sangre.
Herencia genética a esta clase de podadores del habla,
el miedo se transmuta como microbios vestidos de anti disturbio
y así nos hacen nacer esclavos nacidos dentro del cuerpo ya nacido,
ocupado en disolver el odio heredado de la genética anterior.
Nos mueven el piso y siguen construyendo edificios atrapa ratones
sin dependencias sólo laberintos de sendas sin memoria.



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Sumideros del universo

Nubladas descomposiciones del yo,
identifican la razón entre súcubos pensamientos,
del hidratado sabor a cordura.
Allí alivian su descenso con migrañas de lija en el encerado de los adioses.
Los maestros tallan esculturas quitando del rocoso crudeza,
trozos del barniz amamantado del nacimiento.
Siempre dejando a la persona esculpida una senda de victorias por conseguir,
unos primeros pasos yacentes en la urdimbre del intelecto,
que esconden ese cabo por dónde empezar a tirar la red comprometedora,
comprando la locura del mundo para hacerla entender en los sumideros del universo.



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Los sentidos que vibran como cuerdas de guitarra

Ajar la memoria de los templados susurros del niño
es ese vibrar de armonía interna que pide sensatez.
Tan lleno de nosotros se alimenta de las dos mitades,
que forjan lenta la calma su batuta y esculpen el hierro
de su personalidad. Me moriría si fallo en ese cincuenta por ciento,
la única virtud que encuentre mi hijo de esa proporción y sea dar la espalda a ese porcentaje.
Y buscar el arte en la opacidad del desprotegido llanto de pérdida.
Dándome el muro de las espaldas desangrándose por las hendiduras del tránsito no tramitado,
por la damas de noche de hielos derretidos. Su madre ancla así su mitad genética en la que piadosos arrullos del deseo son comprendidos mejor por las flores del hechizo lunar.
Un ermitaño en la sangre milita noche deshuesada en el nido febril de la mujer,
y rápido corre la huida del guerrero conquistando la Babilonia de su amante.
Después esa sensibilidad corre veloz la femenina victoria de los laureles del romanticismo.
Para equilibrar en una balanza los sentidos que vibran como cuerdas de guitarra.




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Aún tienes tiempo para un último sueño

La voz trepa escalones derretidos por el dulce timbre del cantor,
se eleva unos centímetros del submundo anclado a la huella y,
penetra entre hojas de lirio en , la caracola por donde ese trino anunciaba costa cerca del mar.
Decide tú si te entregas al mundo habitado en los primeros escalones,
que se deshuesan y di laminadas todas tus costillas como un cordero propiciatorio
eres ingerido
o asciendes al diurno látigo de la luz.
Y te disgregas como melodía transgrediendo por las corrientes oníricas como un último verso,
tajo en la hoja por donde sangrará el vaivén de suburbios decorados de trementina.
Sólo falta encontrar a alguien dispuesta a abrir la puerta de la pajarera y emprender viaje juntos.
Aún es pronto para conocer toda la tristeza del mundo.
Aún tienes tiempo para un último sueño.
Abierto al mar planeando al ras la sospecha de ser diferente.
Te abrirá puertas hacia los parámetros de la dicha.
Llena de todos los recuerdos de los escalones por donde pasaste.



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Tributo a LAS NORMAS EN LA CASA DE LA SIDRA.

Llueve en mi sangre.
Las venas electrocutan
la mirada del orfanato.
De la hiedra de ese vaivén
nacen flores con el sol
del invierno.
Nunca pronunciamos
la palabra " más "
no existe en nuestro vocabulario teatral lleno
de drama.
Somos líquenes de pistilos no abortados
príncipes de Maine reyes de Escocia.
En las islas trémulas de la jaula del pecho
un gorrión canta a la infancia su quebrada soledad.
Y lo alimentamos de esperanza y sueño.
Hasta que los últimos vagones del tranvía de lunas escondidas
mezan arrullos de miel en las espaldas.


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Tan explicada, tan incorrecta, tan desada

Desnudo mi voz en tu libélula mirada posándose
en la hojas de tu lecho,
con iracunda soledad.
Preñados de estío desprendemos el dulzor,
de los cortejos con paliativos de membranas
derretidas en el cuerpo.
El espejo nos miente,
se quiebra del nunca febril
mudar de la piel que vocea,
la inexperiencia del primer retoño de urdimbres descosidas.
Añascar juntos recuerdos
mantiene vivas las siluetas
de los relieves por donde trazamos el mapa de nuestro mundo.
Así inventamos otro fotograma ,
de esa película llamada vida. Tan explicada.
Tan incorrecta.
Tan deseada..
Y nos desvelamos con la delatora de las secuencias.
Traicionándonos en su púlpito de nichos y fósforos de hielo.





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Las piadosas sentencias de la derrota

Hiedras trepando por la pared de la espalda.
Como tatuajes del miedo infectado que en los sótanos
socava carne de trémula vergüenza.
Desde ese hollar hiriendo las raíces del abecedario
auto- sembrándose en el dolor la nana teñida de platino.
Anuncia ya clepsidras de tiempo azul.
Sólo el cúmulo de gotas de paciencia alivia a las termitas
devorando los péndulos del reloj de cuco,
apezonados en el interior del pecho y des estructurando la arquitectura
de los humos del tiempo.
Tan mentirosos como las piadosas sentencias de la derrota.




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Vagabundeando la áspera realidad

Disturbios del heno tejidos en máscaras de miel.
Su cielo aploma lenguas de lluvia roja sobre el nácar niño
de los contornos anunciados de las conchas.
Perlas de dorado misterio, arañan en el umbral de las despedidas,
notas musicales invernando en cuevas perdidas de la razón.
Pliegues del sueño entrando en la nana del centinela,
acostado en los sobres de los labios musitando susurros de hilo.
El huracán despierta en los aposentos del miedo , las trincheras se llenan
de cobardes ajados por el temor ,pegajosos como borrachos cánticos de luna,
que perpetran en las hogueras un candente sigilo de hielo.
Haciendo trizas las partituras del concierto que eleva los castillos de la valentía, a los
subproductos creados por las sociedades llenas de héroes anónimos,
vagabundeando la áspera realidad.



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Mis cansados hombros de muñeco

¡No! , no me despiertes, la iridiscencia del cielo me lleva.
Ahí en esa analgésica despedida te seduce microbio mi yo
lleno del anclado sigilo de tu impactante reflejo y así
invento el nuevo cristal de ansiedades donde te miras
y me contamino de ese sueño.
¡Sí! , si aprendo, desde ese día llevado como lirios de hormigas
silenciosas quiero dormirme en esa balada susurrada en el cadalso
 lleno de vida justo cuando sé que se me va. Soy el diluido clamor del adiós.
Entre diminutos alfileres que sujetan mis cansados hombros de muñeco.




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Las ramas sangran amordazadas

Me inventas minúsculo en tu pecho, guardado como hojas de otoño metidas en un libro.
Tú diseñas trémula la caricia
del diluvio interior, meciendo
la pluma con armoniosa virtud
Coreografiada. Desliz de tiempo.
Afinas la melodía que te crece
 libertaria preñándose de emoción y en ese libro; abres nostálgica la tierra de ayer
llena de hojas escritas en braille. En un bosque caduco las ramas sangran amordazadas.



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Diseñando coloquios en la historia

Realidades de papiroflexia mecen voladuras
en el crepúsculo que antaño negociaba el ámbar
con los titanes.
Los dioses de estiércol repartieron su fruto entre la mies
de los hombres pan; ya nadie imagina la ira de ellos sin la suya propia.
Lanzas de relámpagos lactantes hacen adivinar,
cómo el revelado del pasado inventa en presencia
una realidad yacida en las espadas del cielo, que se acuesta herido
y penetrado todos los días por el sol dialogante , diseñando
coloquios en la historia.




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martes, 9 de febrero de 2016

Floreciendo ya de mi levedad

Deshabitas la fragua de la matriz para nacer entre filósofos
y matemáticos, los mármoles se adhieren a las venas ; regueros de sabiduría.
Claroscuros del mimbre crepuscular de nuestros adioses.
Voy a luchar esa autopsia de la identidad, esa construcción del ahora que todavía no miente.
Y voy inventar salidas del laboratorio azul.
Soy el virtuosismo degenerando en la memoria RAM del D.N.I
la fotografía velándose en la sala de paritorio,
la faz del céntimo bronceado de insignificancia.
Pero con la misión de ahogar los nervios en la última tila sacada de la máquina del hospital.
Los últimos gramos que te faltan para salir de la incubación.
Son la lírica adornando todo el trayecto de tus anhelos.
Y entre poetas te mecen versos de ayunadas lentitudes.
Floreciendo ya de mi levedad.




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Insolidarios pellizcos de verbena

La corona que en la noche brilla azulada,
se mantiene inmersa en difuntos pliegues que escuecen
como la radiografía de una moradura.
Las conchas del barro elevan el vino como nostalgias de caníbales
sangrando el rumor amapolado del agrio plomo de nuestro lloro.
Brindis en los techos sopesados del opaco deslucir de la carne.
Demasiada hilandez de ternuras que terminan,
sin Clavijo
sin hallazgo
sin sorpresa
metidas en una caja de bohemias aventuras.
Donde la sonrisa dibuja ante su tristeza
vagones de inmediatez penetrando
la montaña de los misterios.
Hechos insolidarios pellizcos de verbena.





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Tu salvaje estímulo de abandono

Danzad palabras ,
construcción de la alquimia de mis anhelos
soliloquios hibernados en cuevas de osos polares
escribo en tu nieve lazos que inspiran delgadez.
El invierno de las trenzadas pasiones que me encuentro
en tu viñeta ,me aveza hambrunas razones de demencia.
Cajones abiertos en la entraña se sellan con el Alzheimer
de la alondra devorada , y en ese periódico donde la urbe
crece como el humo infectado de civilización.
Llego hasta tu cueva a despojarte de la piel
del cuerpo, del vítore decaído de tu aislamiento
para decrecer en tu verso tan lleno de pureza
como la descongelación del glaciar preñado en ti.
Ya sólo tu salvaje estímulo de abandono,
no te volverá a dejar a solas en la blancura de la hoja.




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La amargura de no encontrarnos entre los cielos de nuestras nostalgias

Este desamor no te descubre
se llena de un desnudo sin palabras,
en una isla de aullidos con arañazos
que buscan caminos entre desiertos de café molido.
Las fuerzas se detienen frente al desfile de ángeles con las alas mordidas.
Nunca se encuentra la entrada al paisaje del pintor,
cuando este deja de pintar.
Y desde su paleta ya no nos dibuja Buscándonos de hallazgo
porque nos dijimos nadie en la ausencia de la nada
y así la nada nos habitó.
De toda la amargura de no encontrarnos entre los cielos
de nuestras nostalgias.





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Cuando te miro

Los sueños tienen hambre,
desde ese descorrer del velo onírico
dibujan una sierpe en el telón
agujereado de la realidad
dislocando el esqueleto
de los trazos ya terminales
y dibujan
y diseñan
un centro
en la diana
por donde
el testero
fuga el
punto
de existencia.
Deseado
cuando
te
miro.



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Y de las asperezas rasuradas del ayer

Y de las asperezas rasuradas del ayer
tendremos una nueva oportunidad
paladeando nuestros fallidos intentos de sutura.
Ese ámbar diseñado como una joya embellece
tu cuello de cristal pulido
tan esbelto como una columna iluminada en la noche.
Te tengo anclada a los azulados diluvios de mis pesares
cuando los vinilos repetían las canciones que derritieron
el iceberg que atravesaba nuestras miradas.
Entonces hoy nos vimos y el tiempo congeló
nuestra contenida devoción incendiándose entre
sospechas.
Ya con la serena animación del dibujo de nuestros hijos
casi nos perdemos fuera del anillo de nuestros dedos.


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lunes, 8 de febrero de 2016

La sombra de la democracia que nos quitaron

Nos buscamos en el salón,
pero estuvimos perdidos
nos buscamos en los desvanes
y temblamos.
Una estela de demonios incendió
la nube del teatro.
La militancia de los lobos
infectó con su ejército
el cristal roto de la noche.
Hendían las llagas torturadas
con la electricidad y la corriente
se enquistaba en las muelas
casi derretidas de la inocencia.
Nos robaron los hijos
Nos robaron el tiempo
y en esa casa construida
con esperanza
las estancias fueron la aduana
de nuestra huida y ya siempre buscamos
en el escombro la sombra de la democracia
que nos quitaron.



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Túneles sin sombra

Rehenes del dolor drenando pasiones,
entre cruces que les dan la espalda.
Rezos al vacío.
También la piel cubre las amapoladas inercias del ayer
sin la espera trémula de la medicación
la vida se mueve por un filtro obstruido
muriendo por el miedo cultivado del abandono.
Nunca el envejecimiento deja impasible a las poleas
de la huida.
Y suben.
Y bajan.
Las nieves de la salud.
Comiéndose
la juventud
de los túneles
sin sombra.




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Perímetros de nadie arrojar

Me hablas a través de ella,
esa península de palabras dibujando
las plantadas raíces de mi árbol.
La copa abocetada de los arañazos
que tatuó tu vida en las páginas de mis ramas
acariciando los gorriones de mis anhelos destruidos
por los relámpagos de la realidad.
Es ese territorio vedado.
Tránsito de relieves sin nombre.
Que dibuja el final de un continente.
Frontera herida del llanto
perímetros de nadie arrojar.


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Entre paredes de nuestros cuerpos debilitados por la pasión

Yo te encuentro en el diapasón de los arrullos clandestinos.
En el vaivén moribundo del río que tiembla en mi interior.
Anunciar que el destello nace de los retornos del miedo superado.
Y bambolear el Septiembre anudado en tu huella que se va borrando,
entre desiertos de nunca arrojar, los perímetros plurales que el escombro
de los dos pretendiese.
Y así conciliar la bambalina quebrada de tu decorado en un guiñol,
de marionetas donde representándose el doctor Zhivago, nos encontraremos
y también nos perderemos ,entre paredes de nuestros cuerpos debilitados por la pasión.



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Pareja de jilgueros en una jaula

La inmovilidad de mis brazos y piernas,
no impide que la mañana me crezca
entre los restos cantores de la noche.
Gorriones de jilgueros difuminan el amanecer
con el audio de sus gorgoritos licuados como
hilo fino de seda, vertiéndose en los abanicos
de las orejas,
y despierta una canción entre mis labios,
también tú continuas meciendo a la mañana
con tu compañía acercándose a mí con tu voz
tan paralizada como yo,
tan cerca de mí que nuestras parálisis no impiden
que nos acariciemos con la música brotada
de una pareja de jilgueros en una jaula.
Y la vida que nos regaló
el virtuosismo del cante
nos llena de optimismo
cada vez que ella se vacía de pésima realidad.
Sobre las camas de nuestras tragedias.





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Los juncos del dolor

Los juncos del dolor se mecen distraídos,
la tarde quiere deslizarse por los canales
del teñido arrojo del suicidio.
Un bramido se descorre tembloroso
la amputación del día merodea como depredadores
en la herida infectada de ausencia y ese
desmayado discurso de las trompetas de la mañana siguiente,
se esconde en las mentiras del soborno que la esperanza
realiza a la realidad.
Después
silencio





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Ese bramido mudo de la adicción

Viajo amamantado por el néctar de la noche,
el humo tatúa tu nombre en mis labios.
La carretera se come el haz de las luces que en tránsito,
Merodean el desliz del tiempo transcurrido en mis faros llenos
de dolor.
Al otro lado del país me esperas tú
Mi temblor de manos sembrará dentro de muy poco a todo el cuerpo.
Ruedo como una piedra escrita con mala intención.
La suerte despreciada que mi pasión
hizo confundir la arquitectura de los relámpagos
desplomados sobre el bosque de miedos donde nos perdimos.
Y uno de los dos sobrevivió.
Te busco en este crematorio de agonías.
En ese bramido mudo de la adicción.





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Izado al cielo eterno de los hidalgos y doncellas

El bazar de la mentira,
esconde diamantes de sutura,
donde la negación descubre
un solar lleno de abismos cicatrizados.
El desorden que eleva tu tácito compromiso.
Nunca abrirá deshollinado como páginas dulces
de anarquías preñadas de palmeros,
la perdición amputada de tu ideología.
Y siempre tu aviso se confundirá como bulo
estrellado en la seda musical de las aspas locas de mi intruso en mí.
Izado al cielo eterno de los hidalgos y las doncellas.
 
 
 


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sábado, 6 de febrero de 2016

Autopsia

Soñé un despertar de la autopsia que a diario revela el prolongado esfuerzo por comprender.
Y sigilosamente se deslizó un pesar entre ampollas burbujeantes de cocinado,
discurrir.
Sería allí mi mente disolviéndose la que reaccionaría y merodeada por preguntas
quedase abierta como una nuez.
En esa pesadilla sentía la bifurcación de los dos sentimientos construidos
en el ahora.
El bisturí abría la coraza.
Y la enrejada tela del iris minutaba la paciencia,
tan transparente como la hiel hecha muro de agonías.
Después las respuestas se amplificaron en un único dilema...
Seguir caminando.
Aunque quedase varado como una maleta abierta.




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jueves, 4 de febrero de 2016

Nunca tragedias del mirar anclaron sueños de atravesar el otro lado

Nos perseguimos en el tendón deambulado del anochecer.
En las almibaradas secuencias de la decadencia trenzada en cada cortejo fracasado.
Y acostumbrándonos a esa resaca , a ese sabor mentiroso de la paciencia
Nos contuvimos drenando la realidad de su océano ,ya, metalizado por el papel
albal ,que en ese charco tan violado por las violencias de la simulación habían quemado
y requemado por todo el desliz de su surco.
Ese mar fumado nos contiene, nos fallece en las manos templando el horizonte decaído
de mi infancia.
Las demás persecuciones polarizan anemias de distorsión, nunca tragedias del mirar
anclaron sueños de atravesar al otro lado.


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El cortejo de la anjara rezumando valentía

Drenar el océano que ocupa este dedal nocivo y lleno de toda la insatisfacción del miedo.
Que vertido en el bidón intoxicará el manantial de la doncella.
Su matriz impoluta se adhiere al clamor del deseo tácito,
con la inocencia arrastrándose por un túnel sin sombra,
y así herir esa pupila teñida de lejanía donde el gong infantil,
resuena turbador en las bambalinas del tramoyista, que sube y baja
telones y decorados en las pupilas emocionadas de la artista.
Ya herida de panes rasurados por navajas estriadas en la humildad.
Que meriendan bondades de temido frío.
Para desmemoriar el cortejo en la anjara rezumando valentía.




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La levadura de las preguntas

Terciopelo de duna teñida,
tu capa circense abanica el clamor,
del cálido aplauso.
Noche en la axial cantata que minuta
los segundos en grupos de arco iris.
La levadura de las preguntas se eleva,
Sobre un mapeado de hierros candentes,
dispuestos a marcar ovejas negras.
Con etiquetas de insumisión.
La electricidad del miedo cohabita péndulo a péndulo
nostalgias de cucos midiendo el asco en las venas.
Y esas sentencias mueren en los orgullos taladrados
por la decadencia y el acoso a la sin razón.





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Infidelidades puntiagudas

Infidelidades puntiagudas se clavan solas,
en gargantas de lino.
Las tragaderas del mimbre dislocan traiciones imperecederas.
Paréntesis de demora no dejan de castigar la sombra de la luna.
Allí viajeros del día se apuestan la reputación en tétricas minutas de fama.
Volviendo a desplegar la noche entre nuestros recuerdos anclados al asco.
Tan manipulado como esas vertidas de veneno injurioso sobre los oídos del desengaño.



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El extorsionado nenúfar de la pérdida

La niña muerta me nace de las venas rotas,
la niña muerta me crece de las voluntades.
Allí en el golondrinar de la ausencia vertebra todo
un músculo de trenzas de lino
que llevan tránsito
deletreado en sus paréntesis de nadie.
El faraón ha de alimentar
la nada y así el lanar de nube muerta, se desmemoria de esa ambición
de éxtasis ya encontrado, que quiere mecer la historia en ese surco del dila minar
estéril de las metopas ,nacidas del sarcófago ambivalente del extorsionado nenúfar
de la pérdida.





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Te tengo dibujada en el pecho

Te tengo dibujada en el pecho,
presencia de nadie anunciar ,esa diáspora que
me crece en las venas surfeando en ríos de queroseno.
La letra deletreada de la infancia, muere cuando
en la madurez ya no nos escupen su imperial descendencia tan analfabeta
Como los surcos de los mismos que perseguimos la gloria en país ajeno.




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Las yemas del silencio

El músculo se endurece como estatuas en la niebla,
Nunca el viaje albergó liviandad.
Sólo los reflejos te parten por la mitad de los surcos minutados
en la amnesia.
Te acercas como una góndola preñada de curiosos terciopelos de máscaras.
Sin acreditar búsqueda y manantial.
Dédalo ignífugo Ícaro prendido.
El telón sabe a deseo
a miedo teñido por tu ausencia tan a ciegas como el viaje tránsito y demora
la acerada suspensión del trayecto al sol
nos quema a todos las yemas del silencio.
Esperando desenvolver la mentira como un mazapán.



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Me gustas

Me gustas, la sonora derretida de los alfileres que sujetan tu vestido al caer.
Rozan la dentera del surco dibujado en mi paciencia, mis ojos llenos de la arena húmeda, son la playa donde mueren las olas de tus volantes nombrar.
Tu piel es esa ralladura de limón sumergida en arroz con leche llover.
Sabor a canela desenvuelta en mil arrojos carmesí,
que las palomas picotean tu estatua esculpiéndote de nuevo en el nido de las alondras murmurar.
La estambre llaga cuyos filamentos cosquillean la barbilla de los curtidores de pasiones y trajes sentir.
Y ahora.
Caer.
Nombrar.
La lluvia.
Teñida de dolor.
Mientras murmuran trajes sentir.
Tu peonza atraída por la inercia.
A mi costa.
A mi círculo.
Fuera del perímetro desnudo de los duelos, donde siempre me parten en dos los latigazos
de los dos
también.
Me gustas.


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martes, 2 de febrero de 2016

Me mezclo en ti

Me mezclo en ti,
en esa gotita de dulce tentación,
tan delicada como el esbozo abocetado de tus sonrisas.
Guiño del sol en tu vientre.
Reflejo del faro que evita naufragar.
El alga removida por el turbión, escupe la dentadura de la medusa,
O el liguero de una sirena con ganas de volver al mar,
Pero esa gotita será el brote de ligazón que nos una toda la vida.
Toda la que queramos navegar.



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El mismo

En esta noche caliente el mundo arde como las sombras iluminadas
de los muros, se agranda el collage viñetado de nuestras vidas.
Pulidas por un océano de gemidos, que erosiona como corales medio hechos
Las sábanas removidas por las olas de la cama austral.
Y de esa explosión de colores que en la amanecida nos dibujó
bocas de gaviotas con rostro ingenuo al principio, llegadas a costa descendiendo
desde una horizontal más elevada y planeando en suspensión. El chirrido de las banderas del cuartel
Simulaban aún más gaviotas después de tierra. Y una vez allí.
El paso de las páginas de este tebeo se desnudan en el muro grafiteando un nombre
Juan Salvador Gaviota. Los soldados lo borraron a la mañana siguiente.
Algo en el aire se quedó varando como plumaje de cielo tatuado en sus mentes.
La diferencia es la atribución del pintor que en su paleta mezcla dos colores para conseguir
uno único. Y. Ya aunque mezcle y mezcle no obtendrá el mismo nunca más.





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Gotitas de celos

Dentro de ti te encuentras supurando gotitas ebrias de las goteras
de nuestras vidas,
dentro de ti no me buscas arañando las paredes
mordisqueando las puertas rabioso,
como el aullido del celador encerrado en una de sus celdas.
¿Es que acaso te me partes al encontrar un recuerdo del otro?
¿Y.....también así dejarás que aún te hiera esa bruma suspendida en el océano de los dos?
No compartas ésta jauría llena de paciencias,
sin que el otro tema también recordarte.
En esta humedad
en medio de la nada de agua removida por los celos,
vivo el temblor pausado de la ola traicionera.
Y la insignificancia de un punto en el horizonte, puede ser todo lo que necesite mi autoestima,
Para huir del foco del interrogatorio al que tus desdenes me someten cada vez que me haces mirarme en tu vacío prohibido.
Ese pedacito de tierra que fue de otro y nunca será de nadie más.




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Melodias de sumisión

Meces la bruma suspensa de los adioses,
con la sutil fragancia de una mirada que pasa.
Así me trajiste el invierno a mi cama.
Los dos menguamos escurridos como bayetas húmedas,
tengo el esqueleto de tus besos anémico y moribundo,
la preñez del día cubre con su sonrisa solar los escalones
que dibujan mis costillas por donde una vez se despeñaron caricias
dibujadas con melodías de sumisión.
No me atrevo a enmascarar sentimientos
sin deshollinar amores con preaviso
taladrados por los tornillos de la suerte.




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Abierta como rosas de pan

Has instalado recuerdos en mi piel absorbida por la duna lejana de la conquista.
Un jardín de sal amamanta la marisma precoz del ahora.
Haciendo playa en el monte de los silencios, tan aislado como islas tenues en los mapas
de las angustias.
Tú deshojas la flor de los misterios inventando una nueva frecuencia de gravitones evanescentes,
que confirman el hallazgo en el universo de esa pieza desveladora mezclada en ti.
Ciencia con albornoces de deseo, ese tallo nuevo asomado a la inercia del aquí
no te encuentra desprevenida en ese alimento de nubes rasuradas por los vientos.
Y ahora malvarrosa acentuada en el triángulo ojeroso del día.
Te miente con un esbozo sutil de la cara diciéndome: "El sueño te encuentra en la corusa de la sangre"
abierta como rosas de pan.




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Silencio

Mapeado el silencio,
esta llaga anuncia alfombra de pétalos dormidos.
Vena abierta de miedo y escobas recogidas en los cadalsos
de los bardos
desnutrir el grueso verano de péndulos donde la memoria
se encuentra contigo y envejecer el timbre de las magdalenas
tiernas como pezones de cielo.
En una merma del aullido helado que dentro choca con paredes
de carne tamizadas con la ambrosía de flores secas,
extirpada por fauces de limón y besos de pájaros recién echados a volar.
Después otra vez silencio.




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Los mapas de la huida

Desnutrir el océano en la llaga piadosa.
Esa dislocada preñez del ahora virtual iza sin memoria el cándido sonrojo de la suerte.
No mientas en el viento
Salinoso de la ciudad
cuando muelas destrozan el masticar del adiós.
Y la arruga pavimenta los mapas de la huida.



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El hilo fino de la dulzura

Te tuve ligera brizna de flor de piel.
Y fallé en la mimosa nube corrompida de frentes opacos
te amé vulnerablemente entre grillos y ciervos mundos.
La locura infectó el péndulo del último reloj mentiroso.
Pero encontré de ti nada más que presencia habitada
de lirios en jardín cerrado.
Las arrugas del tiempo se estriaron en mapas sonoros,
Y el vuelco de tenazas envidias de otros cortaron el plumaje
de cuco muerto para adormecer al reloj confundido
por la embriaguez de las ánforas del deseo.
Tan espléndido como el goteo de una jarra de miel.
Así hasta hacer orilla con el hilo fino de la dulzura.
Te perdí.





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El mecano de la mentira

Busco la parda y violenta respuesta
que mis anhelos
dibujaron en mi camino ,
una senda de preguntas trazadas
a cada paso.
Palomar de hienas tristes,
mis álbumes descosidos.
Rezuman incógnitas delgadas
que se cosen como lunas de jabalinas
en ese trayecto vacío descubro voces
que espectrales me llaman para responderme
a todo ;
se clava el taladro que ahondó en mis dudas
la diana pendular del espectro.
Aquí estoy dispuesto a tragar la culebra cancerígena
que se oculta de todo,
ese cabo harinoso
que muda la piel cada vez que la verdad es reclamada.
Y dice: Sostener la vida en fragmentos de trigo pesa más que digerir tornillos desarmados
del mecano de la mentira.





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Vacío mudo del dolor

La destrucción del camino no comprende de preguntas
axiales donde las respuestas se clavan como galletas
en las natillas removidas de tu cerebro.
Más envidias vestidas de espionaje que la propia razón,
me han solidificado motivos en la arrugada vaina del decoro.
Mirar ahora otros caminos diluidos en efervescencias delatoras
me sirve para levantar los hombros alicaídos que el desamor
desplumaba de mis recién crecidas alas de cera.
Que se empezaron a derretir y a pavimentarse en el asfalto
alquitranado de los recuerdos perdidos cerca del sol.
Sólo sé que al soñarte se ha abierto otra carretera hacia el gran cañón
y aunque la obvie estará dentro de mis opciones de huida , para cuando quiera
huir y encontrarme otra vez contigo.
En ese vacío mudo del dolor.
La caída libre de nuestro ayer siempre vuelve a indigestarme mí ahora.





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Misteriosos hombres pala

Me arruino arterial mi duelo,
mintiéndome dentro del abismo
retorcido que el miedo bambolea,
cespitoso su templo de ruinas de pan.
Humoso sin peticiones de ángeles destruidos
por la hilandez de sus alas sucias.
Aclaro que llego caído también al urbano
infierno amordazado del desahucio, traicionado con peyorativas
campañas electorales para los sin techo.
Intercambio de la palabra solidaridad por unos votos
mojados. Trayendo barrer nuestro lecho con manguerazos de miel
por debajo de las alfombras de la ciudad.
Sólo los turistas sabrán cuánto dinero hace falta para borrar
de la nada, los restos de la crisis que quieren plastificar.
Los decoradores de la farsa del bulo.
Plasmas interrogados en la ausencia.
Botines de mediadores del voto.
Misteriosos hombres pala.
Diseñados para esconder la fruta madurada a base
de golpes en su carcasa dura como leyes de dios.



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Sombras de bultos preñadas de silencio

La bruma me esconde de los cuervos.
El cielo es pegajoso sus aladas criaturas
descienden voraces con sus gargantas abiertas.
La noche se fragmenta en los tejados en forma de trozos
de pizarras añascadas en un viejo saco de carbón.
Cada pisada acerca más la niebla al río,
los carruajes viajan solos en la harinosa ciudad
que a cada campanada
se aleja más del día y entra en un azulado resplandor de muerte y decadencia.
Y sólo yo soy testigo del grito mudo de la urbe escondida
como yo de los pájaros
que se han vuelto locos otra vez
y atacan a todos lanzándose en picado sobre nuestras Cabezas.
El resto son cadáveres.
Dibujando formas torpes en el suelo difuminadas por el último gesto de miedo
que se les quedó grabado en el rostro.
Sombras de bultos preñadas de silencio.



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Que la ola me alcance por fin

Viveza del anclar en ti
esa mirada que me construye de búsqueda.
Ese montón de arena diluida en el espacio del reloj,
esa ceniza que te piensa soy yo. Perdiéndose en el aire
denso del áurea que te persigue.
Cada vez que el interludio del mezclar de fotografiadas
tensiones nos acude a despertar del trámite arenoso de ese tiempo
donde se juntan el insomnio de los dos. Me miro ausente en mis ojos
y falta ese iridiscente paño de lágrima que advierte que alguien te completa.
Cada vez que lanzo mis palabras temo que se suiciden en el plástico
emparedado de la sordera.
O en la indiferente peonza que escupe al resto fuera del círculo.
El duermevela mantiene vivas las ganas de encontrarnos
persecución natural del mismo gen que nos hizo respirar
la misma agonía de hallazgo.
Te escribo a ti extrañeza que no deja que nos conozcamos.
Indefensión de la mala suerte, que pellizca de vital necesidad.
La permanencia en la llaga.
De tal ingratitud que orillo en la duna mi escondite,
para que la ola me alcance por fin.





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La llaga piadosa de la suerte

Trenzas del frente nuboso
de tu ausencia peinadas
con el estribo esquivado
de la negación.
Pábulos minucias perseguidas con
la sutil fragancia de una mirada, que se desintegra en el viento turbio de la niñez.
Ahí en esa orilla donde el adiós se solidifica,
la pérdida perfila un poso
madurado de rabiosa delgadez que
se hace hierro fundiéndose en la locura
tan incomprendida como la preñez del olvido suturada
en la llaga piadosa de la suerte.




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Flores del ocaso en el prófugo diluir del sabor

Harapos de entraña dibujándose en un descosido
traje de voz.
El silueteado borde
del habla enmudece
metafórico en esa esencia
pendular que minuta cronómetros de burla.
Hartos del sabroso decorado de la rabia
Palidece la palabra
en la extendida textura
del discurso, pero mimbra
Claroscuros teñidos del ámbar que mueren cada día en la palma de la mano,
como flores del ocaso robadas en la militancia
del prófugo diluir del
Sabor.


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lunes, 1 de febrero de 2016

Orgullo y silencio

Yo intento no quebrarme dentro de tu misterio abrazado a ti,
me parezco a un cachorro recién encontrado con el hambre,
malva muriéndose en caricias de hilo.
A esa marea nocturna inundar el bajío telar de mis anhelos,
donde se atrapan las temidas derrotas mordisqueadas por el errar
del nunca elegido tendón de la mala suerte. Y,
no reconstruyo el mapa por el que me pierdo sin antes quemar mi arquitectura,
dañada por la ausencia tan buscada en la cueva de oso, donde metiste los biberones
de orgullo y silencio.



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Las paredes del horizonte

Emigro de mí , con rosados cielos del atardecer,
hiriendo en la lejanía peñascos de trigo,
dorándose como manzanas de sidra viejas.
En la delgadez tentaculada que se graba,
al penetrar la llaga de esa herida dejada atrás
disgrego en llama y en rojo desazón,
para reinventarme cerca de la puerta nacida de mi ausencia.
Y ahí encontrándome en mi huida hacia delante.
Averiguo el pálpito de la fuga.
Arañando las paredes del horizonte.
Que abrigan mi porvenir.



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El agua mansa de la materia

Arañazos de mimbre rojo en un sobre de recetas,
en desuso.
Todos las personas que has sido, han dejado un poso
de memoria que se fragmenta justo cuando esas recetas se expidieron
y se unían todas en una misma enfermedad.
Piadosas murmuraciones del zinc requeman tus huellas que el tiempo
ha desordenado como maíz echado a los gallos.
En los mapas del arco iris la luz te penetra y te encuentra caída en una gota
de espuma poco a poco aclarada con el agua mansa de la materia.

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El desfile de preguntas con rostro

La jauría del trámite no superado,
los minúsculos candados del ayer
todavía guardan el desayuno de los inocentes.
Ese discurrir melodioso de las horas,
péndulos de vida acartonada entre los
éxtasis del acoso, caen en sacos añascados de estúpida
demencia, tan llena de desorden,
que la viruela de la negación no deja de contagiar,
el desfile de preguntas con rostro.



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