domingo, 28 de enero de 2018

Desinfección


Los mundos que habitamos son

rotura de un, pellizco palpitando

en el continuo desenlace matriarcal.
de la progenie.
Y asiste con gran furia al sereno desenlace del turbión.
Pañales de abuelo llenos de vergüenza y controlada desinfección.










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Gran bola de mierda


El cielo roto, masculla los acertijos

del nublado sol.
La piedra tartamudea ante los interrogatorios, cuando cada ola
se estrella en ella.
Balbucea suturando miedo por
las venas , el próximo vagón
no debes cogerlo, la ansiosa invasión
se ampara con la duda, la doblez
que rastreando el viento no nos miente hasta la voracidad del impulso
donde, rompe trémulo el proceso
de piedades al escarabajo que rueda
con su gran bola de mierda.





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Junto a ti


Las cicatrices de la memoria,

no se ocultan, son la necesaria
transigencia del donante
Así como que no se ven.
Parda la llanura se esconden
por timidez, un solidario
enfoque del altruismo
perecedero de la altura de la noche,
Junto a ti.












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Las cuatro patas del horizonte


Mientras miro el aullido de la sospecha, cuando

en el atril macera la lumbre

infecciosa de los interesados
del trémulo gozo de la indiferencia.
Abajo en la góndola de la tierra
mutila la verdad un sólo suspiro
de enajenación.
Y así devolver los torrentes sanguíneos como barniz que necesita
varias capas para que se sostengan
las cuatro patas del horizonte.











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Se adoran y se odian



Crecen sueños en las azoteas en el vértigo anida los susurros de las alas de espuma somnolientas, cayéndose.

En el abismo trémulo del ayer.
Jarabe de miel cicatrizando
en hilos la complicidad de dos que

se adoran y se odian.






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Insecto taladrador


Pitones que brillan en el albero

rasga inocente los suburbios
del lector, y ella tan displicente
me pide ausencia del trino y el amor, también se torea mojado en el idilio
del nenúfar ,imperio del color que tortura animales en fiestas populares. Y sabe a bajezas
calor del premio patíbulo del insecto
taladrador.




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Harapos desteñidos


El lloro rasga paladares, con brumas

de anhelos taciturnos, candados
al habla, la pólvora deja un surco
violento, casi estancado en la herrumbre pegajosa, del anonimato
que pide soluciones, antes de encender la mecha, del silencio.
Y así la clepsidra, medirá el tiempo
de los turbios combates del ciego
volumen, antes de la enajenación.
Que me dejó absorbido como un

molusco de harapos desteñidos.







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Volante y sueño


Mi miedo , es un ascua de lumbre,

flama de un sigilo cautivo que te espera, siempre te espera en el hilo

rasgado de la noche talluda e inmerecida,
sostén del tiempo,
angular bravura del ruego.
El triángulo de venus nos enseña
delicadamente su sexo en andadura
caricia de riego volante y sueño.







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El show humano


Añoro el cursar del río casi dañino

sosiego de premura atlante que araña
paladares en la micro esfera del ayuno.
Placidez del mundo en el rocío campestre, en la ausencia que destruye el ajeno plan de sutura.
Y entonces cómo recogerán el deseo
líquido del ártico en papelinas de
misterio los bulevares del circo confuso, ante anhelos brotados
en la higuera, su dulce mito duerme
una dulzura caliente, que hermana la
tolerancia en las tablas del show humano.






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Llanura


Sereno el orgullo, siembra orgasmos

mutilados, por el depredador del sueño.

La tenencia absurda del dolor, me pide cuidados intensivos cuando incuba mi cuerpo la negación
soy ese niño perdido, torturado
buscando la ventana por la que entra la luz de gas , y en la noche perdura
su vacío
la larga absurda prima del miedo
pide escuchar la nota del arpegio
sangre de amapolas vistiéndose
de llanura.





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Fiel


Deslizar el narcisismo por un triturador de cocina, y desinflar el globo del ego des anudando el aire contenido ahí. Entonces el murmullo

que escucho lleva consigo el diccionario desordenado en
una torre de Babel, capturada en un fino cable de internet.
Que sostiene la globalización
como una inquietud del mundo.
Que aplica la vara de carga
en el silencio de tu interior
dejando, el vacío cuando apagas
el ordenador y murmulla el rumor
sobre ti, en la aspereza del objeto
de burlas, que sólo te es fiel a ti.








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Yo no tenía nada


Dueña del licor macerado

que mecía la extraña rabia
del aullido sentimental, que ella creaba y descuartizaba después cuando
empezaba a sentir.
Sepultado
con el dolor del ocaso
aplastando el sentimiento que había
nacido de nuestra relación
humilló mi corazón
con crueldad
endureciéndose como una piedra
llevándoselo como trofeo.
Porque en realidad ella había perdido el suyo , y en alguna vitrina
de la casa de su otro ensayo tenía ahí el corazón de mi chica, aunque ella tuviese el mío en su estante. Yo no tenía nada.




A Isabel.







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La catedral del silencio


Discurre el denso río

por las marismas de la otredad

la certidumbre de lo real,

maniquea la destrucción de uno
mismo.
Parda revolución de los alegatos
con inmerecidas cumbres de lloro
calculaban el porvenir del delirio
auscultando ladrillos para construir
desde el mismo cimiento la catedral
del silencio acuna miseria en el corazón.




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Tótem


Es hora de dormir los sueños,

porque cuando no duermen
pueden ser peligrosos, corres el peligro de que se cumplan.
Di nostalgia perimetral la cuna
sangra, barro de dioses y costillas
de Adanes.
Ese adagio futuro, pre ambular
sin dueño, materializará, el dorso
del cansancio, demasiado cansancio
con la ilusión para ver equilibrar la autoestima entre decorados de sueños equivocados, sueños que no descansaron y cuando fueron a buscarlos, habían pasado a ser sueños de otros, y tu desvelo
se debe a una pesadilla trastornada
en tu jirón de piel que acabó siendo
un tótem místico donde se rezaban
súplicas pero que en realidad era un tallo de madera al que todos pedían
cumplir sus sueños.



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Lo alimentan


Me dejo acostar, por el insomnio

mis ojos están llenos de luz,

Pupila ampliada que quiere mas adrenalina.
Tengo el sabor del sueño atrapado
con las personas que se retuercen en la corriente del río negro,
duele el sueño constante, delirio
del doctor marchando la vigilia.
Una delicada absolución,
candente que hierve el desorden
y lo purifican.
Del resto de los nervios tensados unos arbitrajes modelan la simpleza
del contorno y lo alimentan.



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Desorden


Hay épica en tu mirada, dolorida

del contorno que me mantiene unido

como gajos formando la naranja de
mi ser.
Busco la huella de color vida que anhelo durante la vida creyendo
en la diversidad del contorno de
mi otra mitad.
El rocoso dañino de un celestial.
Ángel con cara de chivo.
La mitad del cielo
es la línea de flotación.
Que todos atacan, entre los dos mundos la viabilidad y el sueño
lleno de desorden.




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La forma de su escultura


Una procesión del turbio rejuvenecer

van cayendo entre aullidos en la penumbra, que es un animal
de malas costumbres,
anuncia el dominio, la pereza
del tétrico volumen del suero candente murmullo del trino no acallado. Que es una diversidad 
llenando barcos en el sinuoso atril del comunicador.
Párpado enojado se altiva de dolor
antes de que el dolor empañe la agonía del escultor, cuando no encuentra la forma de su escultura.













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Casta


La lejanía aumenta como un ente

de enormes dimensiones.

cuando es vital, encontrar un apoyo
las instituciones roban niñas
aborígenes y las separan y preparan
para servir en las casas de los terratenientes, una historia cruel
que adormece la realidad de la casta australiana.





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Sin más dilación


Hijos del trigo, patíbulo de enemistades, que antes fueron

compañeros del viaje.
Ahora la circunstancia nos devuelve
la revancha de nuestros egos.
Anclaje de la confianza de un ayer todavía no muy lejano.
Y llegando a tierra todavía
se mueve como atada a algo
que la mantiene a flote.
como una balsa que busca ir a la deriva.
Sin más dilación.










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Flujo astillado del desorden


Pupilas en las espaldas

camino del trémulo aviso llamando

al curtidor, de pieles y agujas candentes perforando la carta del pecho, la ilusión promueve victorias

sin laureles como coronas de, álgebra
añascando bulerías en los tirsos
del puente de los jazmines.
Laxitud del corpiño apretando la métrica.
En suburbios de incoherencias, la
espuma de mar llega al plato
con salinidad del flujo astillado del desorden.









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