domingo, 31 de diciembre de 2017

Roto


La dureza de corazón, cohabita trémula con las irradiaciones

del sol negro.
La sombra se hará sombrero
el harapo capitula la delicia
del diseñador.
La vida, te pisa ,la realidad, te aplasta
como lo hace el molino
con el grano.
Y sólo puedes librarte del abismo
insurrecto con la capacidad de
disolver el coágulo del rastro
de tu mentira, cuando el resto

de interlocutores se filtra a través de ti, y te etiquetan como a un juguete, roto.








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La pupila del prólogo


Desde la displicencia

los ajuares son como

el favor que musita
la delgadez en el filo
de nuestra coz.
El libro de la seda
capitula momentos
añejos, sin la voluntad
de leer en las personas,
aunque muchos sean como
ladrillos convergiendo en un muro
que no se derriba,
son decorados por el insomnio
por toda esa indigencia del corazón
que escupe los suburbios,
de lágrimas.
Un insulto abrazado a la noche
que granjea sin razón, la pupila
del prólogo.




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Delator


Un desgarro en la coraza

como arañazo en el sigilo de la noche.

EL ente se doméstica, entra por el redil, recibe disciplina,
pero a veces se te rebela como
dígito de control,
somos efectivamente digitales. Libros andantes
llenos del pudrir del delirio.
En ausencia vivimos en redes sociales como pescaditos, recién atrapados.
El, Instragan twiter, facebook, móviles que son espías
en tu propia casa, reinventado,
la voracidad del dorso.
hace, que te preguntes si el anonimato, merece la pena.
Era mejor antes, cuando
no había móviles, y no introducías

en tu casa al delator.








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Paréntesis


La hermética llama de tu presencia.

Oscila la paciencia metida entre paréntesis.
con una singular garganta que
aflora el turbio desengaño de todas las personas, que tengan sensibilidad artística.
Esos paréntesis, son como arcos de flechas gravitando con el negro
de las ciudades., y poniéndole freno
a la fluida palabra que quisieses destacar.









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viernes, 29 de diciembre de 2017

Merecido


Los límites, carencias, y desorden

multiplican la oruga de los rumores,
suben por el brazo, el asco de sus pelos erizados, cuando
van todos los chismes
en procesión de la mano, las injusticias , todas las envidias, el resquemor, la falta de empatía.
son como orugas que producen
urticaria en la fama.
Pero pienso, también que toda esa gente
que se cruzó por mi camino,
todos y cada uno de ellos, tuvo
su merecido.
No por venganza si no por

justicia divina.






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jueves, 28 de diciembre de 2017

Desazón del corregidor


Timón del sueño, en trasgresión

cambio del mundo pavimentado

en pobladores del habla.
Sólo el soliloquio prensa la llama del candil que no se desnuda.
Es en realidad un modo de abstracción que me pide auscultando
paredes con un silencio cobarde
la búsqueda de valentía, escuchando
las risitas que chocan con el techo

de la casa, la paciencia, mutua desazón del corregidor no nos nombra.




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Siempre por la envidia


Las danzas de las palabras acuden

rondando el columpio, que es un péndulo para el crío que lo pone en marcha y cuenta los segundos
de un reloj casi en ausencia de tiempo
o cirugía de ese mismo tiempo, cartografiando el recorrido de la tenaz llama que ilumina el relieve continental.
El sueño acude tan rápido
como el desagüe de la fama,
echando ahí abajo los rumores inventados siempre por la envidia.







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El mutismo del sueño


Un mensaje escrito en el aire,

como si fuera la propaganda
de un cartel llevándolo una avioneta.
O escrito con rachas de nube, estiradas en la estela del motor
son rayas de 30 metros paraíso
del cocainómano,
no encuentra manera la polarización
del surco esclavizando la necesidad de ser un trueno perdido, un tango
paseando o un verso con su plástica
rediseñada por el mutismo del sueño.
Solo que el mensaje atraviesa la panorámica subliminal del decorado
el techo del mundo, las bóvedas de acero como escribiese una vez Isaac Asimov.





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Sepulcros del atardecer


Cuando la llegada multiplica el asco

provocado por el rumor,

La sangre se rebela de ese asco que
recorre el vaivén del denso mutismo de la interrogación,
dentro de esa noria y depuradora de mierda la plaga, absorbe el junco donante del chota ,
el delator acude con valentía hacia
la piedra para tallarla de verdad,
sólo el tiempo muda la piel del ocaso
en solitarios sepulcros del atardecer.








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El sopor que nos vigila


Hebras del delirio se cosen en el

psiquiátrico con la voluntad de un
juramento, pero la insatisfacción
de las píldoras conmueve a piedras llenas de sigilo, golpeando la necedad
con trámites de renovadoras pulsaciones, el ártico de tu cuerpo,
maldice el sueño popular de los trinos congelándose sin medida.
Ante el sopor que nos vigila.






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miércoles, 27 de diciembre de 2017

La felicidad


La luna llena de los ruegos

se infla como lupa ansiosa
de transgredir un deseo
impoluto.
Nos limpia del soborno de cada atardecer cuando hipnotizados,
las yeguas cabalgan por corrientes
infladas de miedo.
Parentela de un sabroso soborno.
Que nos pide intimidad, y correspondemos con asilos
de sentimientos maduros
casi condenados en cárceles
del corazón, para que al sentirlos
no enloquezcamos de la esencia de la que muchos hablan, y otros huyen
porque les hizo infelices.
La felicidad. Una fiera sin domar
que mata, que muere, y que es anhelada por todos.






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Recuerdos ingratos


El gallo amanece, pureza de la mañana.

La esencia discurre palpando
las paredes
no hay sabor en la sumisión
su boca cumple matriarcal,
el mutismo de la nada.
Nadie pide dolor
aunque su dirección
Vaya directa al centro de
una diana poblada de recuerdos
ingratos.







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Atravesar el otro lado


Preámbulos de insomnio palideciendo las espaldas del nuevo

ayer.
Desde el camino pinto el almuerzo
llegando al solar del disturbio
que cohabita en la indigencia
de mi mentira,
la coartada
me hace inocente, aun
llena de la ausencia
de mi relieve,
oculta la sinrazón
entre meridianos
simetrías del trance
al atravesar al otro lado.






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Perdedores llenos de orgullo


Trémulo sollozo que me ingresa

en esa perrera de la ironía

para descubrir el anhelo acariciando el ecuador del punto G
de tu sonrisa
donde explota mi vida en el
bulevar de la taxidermia una matrícula etiquetada para
todo infeliz que una vez amó
y no fue correspondido.
Perdedores llenos de orgullo.




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martes, 26 de diciembre de 2017

Orgullo


Baila con tus miedos

acaricia el peligro

doma la ausencia del ridículo
paridad del tumulto que se
agranda en la gatera de esta ciudad.
donde gatos de insomnio
procuran lamer los sueños de la llegada.
Las miradas encogidas
con las pupilas temblando
en solitarios complots.



la vida mata,

en un desenlace
que arbitra la senda
en el camino de vuelta
a la matriz del silencio....
Y ahí el balance de toda tu vida
te llenará de orgullo.





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Besos


Las ruinas de las sombras

se perfilan en un jeroglífico

llenas de la necesidad de discusión
de empujones y cosechas de imágenes que se cuelgan de la pared.
como fotogramas de realidades mundanas.
Llenas de absolutamente toda
irracional presencia del alfarero
que modeló las piezas del bramido construido en mi interior, 
y que se diserta y diluye en la natalidad de los besos.






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Mito


El solsticio bañado en la charca

de la sangre es el tamiz del involuntario gusto de las hebras
por acariciar la mutua pérdida
del destino, que se adereza capitular.
En el prófugo desdén del mito.



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Cuando perdimos las miradas


Busco ese instante en el que

perdimos las miradas y la traición,

ensució el manto de los placeres
antes de la ceguera total del amor.
Después de ese preludio del engaño.
Nos miro y somos dos rencores afilados y en punta, que pueden herir
mortalmente la presencia de cualquiera que pretenda reconstruir
lo sepultado, ese primer amor,
ese primer espadazo a tu corazón.
De ese no te recuperas., lo tapas como sea, 
lo entierras en lo más profundo de tu ser en esa última habitación de la escalera y tiras la llave.






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