miércoles, 23 de marzo de 2016

El porvenir

Después de ese origen
la playa almuerza en el moreno de tu cara.
el árbol tiene un techo
que le encoge los bocetos
rasurados del próximo
amanecer, donde sus ramas se abren camino
entre ventanas inexistentes.
Peñambre de pescadores,
que pescan hombres.
Temblor de amapolados bríos de sutura,
arañazos de nieve derretidos en los iris candentes
de la vida comiéndose
Tu porvenir, Mi elección,
Su reflejo. Cuando deporte y deportación son palabras casi iguales,
pero su significado es tan diferente
que asusta su ínfima confusión.




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A quién se fue

Nado en una marea de silencio
trémulo el sueño
anuncia disidencias
hartas de memorias astilladas, como leños.
Que de una orilla a otra,
el discurrir de los días
merodea tragedias llegando
a puertos sin saludos.
El letrero de auxilio
llena de paciencias
los candiles de los ojos
olvidando a quién llega
A quién se fue.


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La playa de la memoria

La ola que hace desnudarse
al faro se pregunta
Continuamente
por el recuerdo.
cada respuesta horada más
la tamizada arena del tiempo
tartamudea un deshoje de la sangre y padece ese mismo vaivén al pronunciar su nombre,
entre los gajos abiertos del
corazón yo soy el envoltorio de la forma que
aun resiste ovalando su figura, que en el pecho se enciende como una llama
desobturada. Cada vez que se talla en lo lejano el rescate de la barcarola,
donde tentada otra vez la ola acaricia con persistente
pudrir del hueso,
los pies del hombre - faro.
Ya la península del amanecer, se rompe como una balsa de piedra al tocar en el horizonte con su deriva el fuego misterioso
que nos compone a todos
de brújula. Y mimosa la noche se desvanece del mutilar ajado fraccionando la disputa
del traje de piel,
como un jubón contiene
el vino de las bienvenidas.
Y la playa de la memoria
es recorrida por mi ausencia.


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Medrar en tu mirada

Mares sin madre 
crecen anegando la tentación.
La sal fermenta el raíl
de tonalidades pariendo
abrazos de guiños cómplices. 
Los hijos se reflejan en la luz trémula del miedo 
No hay conquista sin dudas de sueños militados en tus besos
que nacen de soledades 
germinadas en deseo,
Orillas de una felicidad 
Con inercias de pensados argumentos para la senda del mundo, que revela un único objetivo.
MEDRAR.
En tu mirada.




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lunes, 21 de marzo de 2016

El reloj dormido

Te nombras en la profundidad
La llama del candil necesita combustible
Y buscas entre la nieve la senda
Te congelas en la altura
Sin regreso
Sin haber encontrado 
Una salida, ni hoguera, ni nombre.





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Las tripas de un reloj

Las tripas de un reloj minucioso, 
Se enhebran en rodamientos de arena.
Donde el relojero implanta la cuenta atrás como cirujano,
En un laberinto de vida plantada, en un tiesto de nervios con rejas.
Un parentesiado pálpito 
Que se agita en el rincón artístico del bypass 
Insonoro de las larvas.
Y los talleres arrinconados en el color de los últimos segundos
Quemándose en la clandestinidad del vacío,
Son devorados por termitas de tiempo.



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Se inundan los espejos

Se inundan los espejos con figuras
De buzos nadando en barro.
La metamorfosis masticada del oso polar,
Enloda el deshielo con el lirismo del paisaje.
Al otro lado la sombra de la luna crece en mí,
Como el reverso de la hoja en un calco de imágenes en la pared
Proyectan la cuna de los riachuelos,
En el cristal de la sala de visitas y siempre
Encuentro el mismo rostro difuminado por el dolor.


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Claudican los brazos

Claudican los brazos en la trinchera
Obligado a vivir de pie esperando que caiga el velo nocturno.
Y se rieguen las venas con la hiena ladrona de los calendarios.
Áspid de tiempo,
Dentro del cuerpo hay una jaula cerrada
Donde habita una lechuza que canta en la hoja un diálogo blanco .
Habla poética, palabras llenas de futuro
Una melodía que crece en el drama.
Todo un recital de poemas sociales
Llenos de abismo.


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La ola que trae el miedo

La ola que trae el miedo incuba en nidos amargos de soledad,
Un socorro heredado en un maltrato de esponjas.
Escurriendo siempre ese temor que empapa la piel
Con el frío baño de la locura.
Las alas perforándose con su peso,
Como dos clavos que sujetan la disección de una gaviota aún viva
Se quiebran como palillos de viento,
Extirpados del abdomen blanco de la valentía.



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Mi carretera

Mi carretera es una espada hendida en el horizonte.
Prófuga de la mirada que se ausenta al sentir el trazo del dibujante.
Adivinando la ruta del deseo,
Con estaciones aún sin abrigar
Con pasajeros aún sin perderse.
En una imaginación persuasiva
En un miedo arruinado.
Con una herida provocada por el filo del vértigo al mirar atrás.
Y se direcciona hacia la salida de este desierto dentro de otro desierto,
Siempre hacia delante.



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Tus ojos

Tus ojos abren con un cuchillo plateado la luz en los míos,
Mecen el arrullo de esas mismas miradas
Durmiéndolas en cunas de terciopelo.
Una caricia de ellos engendra en la sangre
La ebriedad de licores afrodisíacos.
Besas cuando miras y miras así cuando has besado.
Te lleno de miel el cubo de las lágrimas
Para que al enjugarlas, la dulce y espontánea pupila libre de color la cueva
Aferrada a los barrotes de tu balcón.
Y te llego desde mi pobreza, a enriquecer este pequeño esqueje de deseo
Con mi último resquicio de luz.


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sábado, 12 de marzo de 2016

Las yeguas de la noche

Las yeguas de la noche
cabalgan salvajes,
por el territorio
tardío del amanecer.
En esa fermentación de los días
trepaba yo los disimulos
casi domados del verano,
que se derretían sumisos ante los ojos
de la esperanzada virtud del envejecimiento.


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jueves, 3 de marzo de 2016

En el laboratorio

En el laboratorio los chimpancés copulan con el silencio
 mientras los vierten un cortejo de vacío lleno de fármacos.
Juegos de amargor tétrico inyectado en sus pupilas
 dibujadas en la paranoia crepuscular de su suerte.
Ya viejos y enfermos les dejan ver por fin el cielo
 e interactuar con otros chimpancés experimentales
 y después mueren con expresiones desquiciadas llenas de luz.​



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La hoja recortada

La hoja recortada
 por los gusanos de seda
 es como el patrón
de un traje
diseñado para desvestir
 el aliento de un pájaro
 en su nido.​





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Te embarcaste

Te embarcaste en el susurro que adormece la cólera,
 eres la paz del marinero llegando a puerto,
 para arrojarte en la vida como heroína de los desprotegidos.
La pobreza en tu mano significa orgullo,
 tu mirada es el arco por donde todos se inclinan para admirar,
 la belleza de las cosas sencillas, y arremetes otra vez contra el mar,
 con el ardor de tus entrañas, llenando de hijos las mareas de la travesía,
 que el hombre barco rompe cada vez que se talla en lo lejano.​





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Me decapita

Abrigada sábana que lloras la nana que del tesoro cantas.
Mi rostro de voz purga
el sendero escondido.
Dentro del miedo hay ratoneras con su cebo
intacto mezclado en los
días rotos donde los cielos
inventaban Suicidios de
almizcle y tersura.
Pero yo perdido o desertando como
hombre hormiga en esta sábana que muere entre tus piernas decide aullentar la semana con
Lácteos latigazos al sol.
Desde mi noche eterna.
Mezclado entre tus columnas,
encuentro el cebo que me
Decapita.


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