sábado, 30 de enero de 2016

El rey pato

El perímetro inmaculado de los hemisferios, se retuerce como un surco
seguido de amputados hielos negros ,donde el rey pato escala los peldaños
de los vientos, que castran su jaula en la locura.
La otredad del ambulante corredor los suministra migas mojadas en la leche.
Aspereza de pezones tartamudos.
La mentira forma edificios de burocráticas latitudes, sucias como algodones
del yodo ,cicatrizando el navajazo que la ciudad embiste a los inocentes
hombres pájaro, alimentados desde el mismo surco hasta la misma leche.
Y aún así una vez metidos en sus enrejadas mansiones de dolor
cantan la iridiscencia del sol preñando de brío su compromiso.



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Las hienas del dolor

Las hienas del dolor devoran mi vida,
borrándose del tamiz necio de mis recuerdos,
calcado por última vez, en los naufragios disolutos
del ayer.
Me deshago polvoriento con la pérdida que el océano,
erosiona en mi huella destruida.
donde el viaje decoró de belleza la estúpida devoción,
de la polilla por la luz.
Chamuscada en las hogueras que la vanidad enciende
por todo el halo de fama, que se fundió en la fuga.




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Góndolas de marfil

Traiciones que tienen cara
tormentas que tienen voz,
en la obesidad del poema adelgazo de hilado resquicio
Cuando se anuncian las vértebras estirarse en la sonora timidez,
y de temblor vive la hogaza también , comprándose palcos de nube seca.
En el cuenco que la mañana exprime llorosa sobre el pan de cada día.
Así anunciamos doler el hueso de papiroflexia mordido ,
que late cada susurro hecho espiga de hierro.
En la mentira que cuaja entre góndolas de marfil.
Dormida como luna en la noche.



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Su suerte

El yeso que ocupa las rendijas del pecho.
Se hace espesa y sentida,
decadencia cuando este palpita, un dolor a muerte,
seca como el enjuto sentir,
de la negación.
Esa argamasa que pide temblor de noches estriadas para que ablanden la oscuridad del hueco, tapiado, trémulo gozo de añoradas pasiones,
ya interrumpidos conciertos del corazón.
Que anunciarían un poso de masa por donde ya no habría fugas. Su suerte.



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Tristeza

Ajadas memorias de un sauce llorón, reinventan
la caída de las lágrimas.
Pinos revueltos en su frondosa oscuridad, temen la pérdida de la perennidad.
Las venas, ramas de dureza preñándose de sordidez,
mecen su savia en un vaivén de ceremonial belleza, para despojarse de semillas ocultas en los frutos maduros de la noche.
Sembrando los lechos,
de las aceras de mi ciudad.
De tristeza.

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Los caballos de fuego

Los caballos de fuego,
que la juventud desboca,
son domados por la vejez
tan dada de si como arandelas de un motor
gripado.
Potros esquilando la pradera, veloces como
diablos en la carretera,
anuncian rebeldías de tránsitos hechos polvo en los radiadores.
Una guerra de velocidades,
que dejan parados los sueños desgastados de los
Corredores.
La nunca exacta quemadura del arrebato
Taladra el deseo de su huida al vacío,
Fugas de tragedias aderezadas con la rapidez
del mundo
que insalubremente ahoga los mejores
años de nuestras vidas.
En pozos de gasolina quemada.
Y entonces así las autopistas son pergaminos cuarteados de ignorancia,
estampada en la última curva a dos cm de la llegada a tu meta.



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viernes, 29 de enero de 2016

Prófugo inanimado

El rumor se mete debajo de las uñas y empieza a incendiarse torturando,
la percha de la fama como un ninot desahuciado.
El arcángel se guarece con las alas negritas, requemadas caído a un infierno degollador,
donde el papel mojado,
de cada noticia empapela,
las iras iracundas del prófugo inanimado.




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Una nueva desnudez

Brochetas de tiempo cociéndose con mentiras,
engordadas en las nerviosas,
Voluntades del placer
ese trémulo y párvulo gozo ,edifica hedonismo anclado a la primera sensación abierta,
por el verso acariciando
Los muslos llenos del brillo,
excitado del sudor,
que se lubrica de viveza,
nítida, rabiosamente trenzada por la pluma.
Así inventamos nuevos deseos llenos de la afrodisíaca frescura de la palabra,
que tiembla como un membrillo en la mesa de los amantes comensales.
Y que desnuda ese rubor delicado, sobre el goteo del perfume tramposo del miedo, a la caída del abismo
de los orgasmos voluptuosos de la juventud,
tan incendiada,
como el centro de la entrepierna donde ese sudor, creaba el diván de las elegidas pinceladas
de mi ayer.
También yo supe de mi
elección. Y tardíamente naufragué en un dedal de tiempo, que cosió el jazmín del misterio a una gota del perla saciado de mi lujosa brevedad. Perdido entre mares de luz, la poesía ubicó cada rayo hacia una
nueva desnudez en el papel.



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Tu mirada

De tu seminal paciencia nació la sangre impresa de las noches de hilo roto.
Sembrada de flores, tu tierra emerge llena de olor,
entre los senos morenos,
del oasis escrito en la arena,
la mansa otredad dibuja un pétalo que besa tus orillas de ambrosía cosechada.
La piel, sábana de dulce otoño mira dentro de su reloj, la minuciosa velocidad de su contenido,
que inventa tras de sí el tiempo de sus victorias.
Almacenadas en el iris candente del placer que anuncia tu mirada.



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Bruma

Te encuentro en los últimos días de mi ingreso
en el psiquiátrico.
Escondida, entregada al misterio de mis autorreferencias.
Cohabitando como una intrusa en esa masa no trabajada de mi esquizofrenia.
Intento no deshacerme,
diluido en la confrontación de los días donde tu imagen pasó de aspereza hostil a suave desnudo del contorno abrupto de mi paranoia.
Así inventamos nuevos deseos llenos de vida y la no integración social medía la juventud desbocándose hacia la nada.
Reinsertándome en la sociedad, se fue apagando
La chispa que me iluminaba los surcos por donde adentrar mi navegación, esos mares de luz se fueron apagando como sirenas mudas, y la apatía cocinó la poca cobertura que tienen los sueños en alcanzar puerto.
Cubierto por una forma de
Guarda me desactivé de esas conexiones donde podía verte, hablarte.
Y entonces supe que no eras real.
Mi reinserción consistió en perder mi anhelo más querido, y la soledad tejió la tela de araña donde enviudé de mi desdicha.
Y como un reloj la balanza se inclinaba siempre hacia
la medicación.
Donde lo único que me quedaba de ti era tu bruma.


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La no exacta rotura de la deidad

Y ahora de estambre moribundo,
la acequia panal de estancias lúgubres, mapea
con el agua perfilada al ras del cenit su yugular, noche axial náusea del harapo que la entraña ningunea febril si su muerte perimetra
el segmento flácido del odio, tan infectado como el veneno roto de la desazón masticada.
Ya estúpida devoción del sarnoso mordisco del detective, inventa nubladas termas de ficcionada sonrojez.
Averiguando la no exacta rotura de la deidad.




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un round más

Te busco entre tácticas.
Resquicios de picos tallando la madera del
próximo barco.
Una navegación modelada en alta mar,
con el canto de la sirena hiriendo el trigo del agua,
rompiéndolo como un libro abierto.
Cada sábana expandida al lector, que construye las respuestas de una arquitectura elevada con la insomne dureza del autismo solitario de la comprensión, esparce coloquial como una semilla plantada en las conversaciones del ausente. Una Bruma rota
caída al adúltero perfume de la autoestima, que elige seguir saboreando la abundante agua de los molinos que secarse en la página preguntándose si merece la pena luchar un round más.


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miércoles, 27 de enero de 2016

Secreto

Esparcida como mies en la almohada,
siembras de noctámbula
preñez, la alquimia de
la palabra.
Significado lleno de lirismo,
batuta del arado hiriendo
la tierra, lecho del fruto frío de la madrugada.
Escarcha minando la verdad sin tallo.
Lunar del brillo cartografiado,
Cruz en el mapa.
Veleta del placer.
Anillo celeste, rama del árbol petrificado, raíz disuelta en el perfume selecto del arco iris,
Flor otoñal, brazo del pastor sin perro pastor.
La nunca febril mirada del tacto, la suavidad en la punta de los dedos, miel del paladar, hecho deseo sin fractura. Así sembramos de valentía, la pupila del fotógrafo, que retrató el campo de sueños, hecho secreto.



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El péndulo del tiempo

Vinagre de lienzo rojo,
tallado en herida, fractura del roto dulzor de la mirada. Altar de la lacónica siembra donde ese momento ya no perdura.
Plomo del diluido océano del estupor rajado en los
paredones de la mentira.
Anclar la minutada pereza
al peso muerto del hallazgo y librarse así del invento de la locura ansiada en los rincones del ayer. Sin rotura en la mesa, hacemos pata al péndulo del tiempo.



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El pincel de la mañana

Tu cerviz esconde toda la bahía lunar donde los secretos aromatizan,
ese guiso de deseos hechos,
Voluntad.
Me encuentro allí en el alto riego de tus muslos
con la preñez del último barco, que en puerto se desarmó,
ante tu belleza.
Me busco taladrado como madera caliente
que modela el carpintero entre sus manos, aspereza de nube temprana que en añil noche lubrica barnizando,
el fiel reflejo de tu imagen inmaculada,
para postrarme único segmento que hunde el puente del otro en esa isla fragmentada donde te dejó sola la inmensidad del fiero océano.
Y ahí en el trino del primer pájaro hambriento de echar a volar,
asciendes la cabeza y tu rostro dibuja nuevos destinos guiados por el propio pincel de la mañana.


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Onzas de sol

Arder el verso acariciando Los muslos llenos de vida,
cesación del hurto.
Demarcar el tránsito de los
pliegues carnívoros, góndolas de rímel navegadas por la piel,
rumores de hienas
sobornando el dolor insecto.
Así como la otra persona
se cura las heridas que el alambre obliga a deambular, pide perdón,
Por la innavegable onza del sol,
lleno de los ríos palpitados del ahora.


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EUROPA

Burbuja de preñez satisfecha
alienante en la vocal que timbra tu discurso.
Desde siempre estás tú,
bajo los muelles del asfalto,
las paredes del cobijo pintarrajean espaldas
aterradas.
El miedo desviste soldados,
y las fronteras deslizan la necesidad como granos de un reloj de arena implacable.
Allí en ese futuro también metido en bombos de lotería,
el premio te elige disuelto como efervescencias tramitadas de sectarismo
y la apertura de tus puertas son como piernas que guarecen un lobo inmaculado.



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Océanos de dolor

El tejido de tus mentirosas
frialdades me congela,
la amputación del tallo florecido.
Campaniflor los muslos del amapolado rocío pestañean sabrosos, empapados de nostalgia
carmesí tu boca rota canta
al silencio el botón que el ombligo umbilica.
La huella del musgo verdín de noche alumbrada, deja un rastro de miel donde la tuerta parca azota con su hoz los campos de nácar,
piñones con licor de cereza,
adornan la torta del dibujado desencuentro,
pero aún así inventé para ti esta fiesta de intentos que a cañonazos pintan tu cerebro de desolada quietud,
para desnudar la rotura del navío de los esqueletos de tus besos anémico y moribundo
Adentrándose en el helado océano del dolor.


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domingo, 24 de enero de 2016

Tartamudear el auxilio no te traerá las ayudas a tu puerta

La inanimada y surreal depresión del todo manipulado
en la tañida bípeda y serpenteante culebra
de la angina,
me dice sin éxtasis en los ojos,
que las tejas rojas son escamas del llovido deambular de la noche fragmentada en la punta de tus dedos,
de silbidos tibios y llenos de impermeabilidad.
Tartamudear el auxilio no te traerá las ayudas a tu puerta.


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Solsticios llenos de silencio

No te deshice de la ingobernable veleta de tu deseo.
El trino de tu ausencia me peina vocal tu morada de estiércol
la nunca existencia del devoto se umbilica de carnaza para un pobre limador de estrellas
esas estelas de memoria peñascadas,
Pincelan un rumor hecho
viruela de mimbres tejidos de presencia.
Asir la inagotable llama iridiscente de la lógica,
matemáticamente llena del termómetro pincelado de tus solsticios llenos de silencio.




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Ese trozo de circunstancia

Miro el testero de la puerta,
como onzas de sol penetrando por ella,
el riego tutelado de su magnífica presencia,
me vampiriza.
Palidez de trémulo gozo.
Dos cuerpos anudados como lombrices a punto de ser separadas,
anzuelos de una nostálgica
despedida,
Conocerán como cebos de una rígida flacidez,
La tensión de la captura que la luz engancha llena de velocidad.
Al iniciar sus vítores de nácar en tumbas de malvarrosa, candil que desliza mi camino hacia
la otredad del aliento
migrando a la hoja.
Tan solo no tocarte,
en ese delirio de placer,
que otro se llevó, y que yo grabé en este trozo de circunstancia.


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Cuervos banqueros

De sangre y cielo roto,
el miedo es alpiste de cuervos,
ya no acertamos a distinguir la uña clavada en los corazones de los espantapájaros, que evitaban los desahucios.
El campo está sembrado de mentiras, brotando como pupilas de fotógrafos en busca de la tragedia más
aguda.
Esos frutos son senos alimentando a la próxima generación. Pequeñas bocas tragando, tragando....
La ciega conjetura del futuro fragmentado de silencio y humo de insomnio.
¿Cómo alimentaremos la realidad de nuestros hijos,
si su fantasía se llenó de cuervos banqueros robándoles su alimento?


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El cálido viento de tu corazón

Los soplidos de tu corazón mueven las hojas secas del mío.
Ese otoño distraído se mete por mis venas como suero de una piedad errática
soy un trapo de piel,
una urdimbre que se pide perdón por la indefensa cobertura de su persona.
Ese saco de envoltura ajena que recibe golpes del mundo mientras rota a su misma velocidad.
Soy también ese recipiente,
que mide el tiempo como relojero en trámite de jubilación.
En la estancia primera cuando el primer verso nos conquistó, éramos puro sentir sin traje de voz,
Cubrirnos de caricias hechas molinos,
luchando por encontrarnos,
en la esencia del caos,
que nos nombra en la membrana de la entropía.
Círculos de deseo.
Era sin duda el cálido viento
de tu corazón azotar la calle perdida del mío.


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viernes, 22 de enero de 2016

Diez claveles carmesí

Diez claveles carmesí sangran sombras de luna rota.
La almohada dibuja tu perfil lleno de eco timbrando nubes con pálpitos y pájaros de rojizo deambular,
Me abrigo cándido bajo la destrucción de mi vigilia,
en la sabrosa textura de tus besos.
He nacido sin prejuicios,
invento para ti un lugar entre las caléndulas del vértice preñado de limosna.
Para suspender tu vuelo entre tibias llamas de hogueras y nombrarte florecidos copos de maíz tostado.
Ese racimo de bengalas amanecen en la cueva,
con el ilustre espectador merodeando, entre los restos mortales de un cadáver sin sutura en su boca.
Tengo el sabor de tu espalda cerrando los párpados de mi huida,
Ese traje de aliento mueve los cipreses de mi cementerio.
una tumba que no está señalizada en los jardines de piedra de tus desoladas magnitudes.
Me visitarás llena del silencio dormido de tu lecho, criatura de aros, rotura circense de las diez pistas de tu descampada quietud.




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Cambio de las flores en el marchito deambular del sol

Y con los juncos rotos,
la noche se adelgaza,
en las llamas de tu mirada,
apagarse con tenues crisoles de llanto y harina.
Son pellizcos de lejanía,
ahogándose en turbios,
afluentes de miserias.
Ahí te busco acorralado,
por tu belleza en ingratitudes
Sabores de nostalgia,
ante esos peñascos de carbón, que arrancados de la penumbra encendidos
en tus pupilas sabrán salir al cielo incendiado,
y verlo cambiar,
como cambian las flores del marchito deambular del sol.



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Candados fronterizos del ahora

Lluvia de oro rojo baña la pesadilla de los carnívoros.
Cubiletes de errabunda suerte juegan el hilado abismo de la sentencia.
Desde esa arremolinada nostalgia de los cuerpos
llevados por el viento,
Un desnudo de vigencias
Hechas lumbre, se desmonta en la harinosa ciudad de los niños perdidos.
Ya nacen sin compasión
esos niños de la insurgencia que les talla de una memoria hecha tardías compresiones de la pax globalizada
en los candados fronterizos del ahora.



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La sombra engordada del gozo

En la arboleda que florece entre besos
de nadie, perimetrales pellizcos de la rosácea
cópula que estalla de memoria y deseo.
Alumbran monumentales los susurros del ayer.
Ahora nacimiento tras nacimiento nuestros sexos
estallan bélicos por una tenue sonrisa de después,
militando arcilloso el péndulo de plomo y dando
la sombra engordada del gozo.



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La mancha de sangre en carta de cadáver

Piñones de rocío desierto,
aderezan paciencias de sembrados estiércoles.
La nunca vibrada descomposición de la nada
llena de colores,
Las flores del alud de barro modelado por
alfareros al ritmo,
de melodías desfiguradas,
por el torno de la guerra
Campos de militancias,
tensionados por tendones,
doloridos de la batalla,
clavan en tierras movedizas
de siembras de memoria,
la mancha de sangre en carta de cadáver.


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Flores en pergamino

Las arrugas del silencio
extienden el pergamino,
de las palabras desenvueltas
como flores viejas que conservan
delicadas el aroma del
tiempo.
Ya no presiden los turbiones del ayer.
Merecidamente abiertas como esqueletos de deseo
nacidas de la preñez que cobija la nada,
dentro de la ausencia leída y trémulamente conservada en el olvido.



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miércoles, 20 de enero de 2016

Su río de demora

Tardíamente naufragué en un dedal de lucidez.
Las horas se aplastaban contra mi espalda
nunca el anuncio de mi otredad trajo veleidades
al final de la sedosa suspensión de las cosas
Ella hoy me espera tras el telón del tiempo.
Su sabor hace contraseñas en mi boca,
oculta la desesperación de mi ayer,
embriagado de vacío.
Hoy soy la carta que liga el
Póker,
la bala rellenada de pólvora.
Perdida en un bolsillo.
Hoy,
es el día.
En que los suelos se abren a mi circunstancia,
en que todo se fracciona,
y la apatía deja de sembrar en mí, su río de demora.



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Mi turno

La sala de espera.
Pacientes cayendo como
gotas de una herida o un grifo mal cerrado
mal cicatrizado.
La mente tiene orillas de páginas no escritas
un libro prendido,
sobre una hoguera involuntaria, que gime
de dolor.
ESPERO.
Solamente espero mi turno.


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Chillidos de corderos

Tienes el calco de tu ausencia pegada
a la espalda.
Te busco en calabozos donde a los torturados
les borraron su sombra.
La terrible negación que cómplice me torturaba a mí, encontró desapariciones de muchos,
gritándome tu nombre en pesadillas plurales.
Las botas militares taconearon tu voz
Vuestras voces.
Persigo una justa venganza
pero esas botas tienen un eco que penetra en nuestras cuerdas vocales.
Aunque persistimos la búsqueda, la gubernamental razón asesina, tiene manos grandes, como pezuñas
de lobos clavándose en
Chillidos de corderos.




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La conjetura malvada de las cosas

De limo y violáceo velo.
Caído de pestaña en enrejado celador

Me encuentro con la sal del océano.
Los saleros que el silencio vacía de moratorias abrigan muslos
de mi ayer.

Hilan mi encuentro contigo hacia mármoles
venas y afluentes removidos por la azada
Tardía del adiós.

En el fondo de la abisal
Fosa los huesos emergen
ahogados lamidos por el tiempo,

Y en el polvo disipado,
Me relleno de ambrosía,
para la próxima vez
sembrar de risas la conjetura malvada de las cosas.




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El poeta y su lector

Se estremece el arrullo delicado de los bardos,
recitando brillos de sigiloso desnudo.
El poema mece su
Cuerpo intacto mezclado con las diametrales direcciones
de la figura a la que va dirigido.
Se anudan en un cortejo de pieles midiéndose las mentiras y las verdades.
Para recortar del suero poético el traje de inspirado trance que vestirá toda la vida
a su poesía, la que generen entre los dos. El poeta,
y su lector.



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Escolta de los rubios caballitos del sol

En ti se estrechan todos los caminos,
que buscan refugio.
De tu bosque los árboles hablan con sedosas caricias de hoja y savia.
De tus mares emergen las olas de tu vestido aflamencado,
que esputa rabioso el bambolear de la música y
rota el giro sufriendo cada amanecer, el desangrado de los días que caen como gajos exprimidos.
Al desván donde las cortezas de sábanas
alimentan la palabra hogar.
Tu movimiento exhibe la delicada maduración del ajuar que la naturaleza tiene intacto metido en un cajón, en el que se cambia de traje cuatro veces cada año. Tu tiempo es de longevidad materna,
la matriz de tus celestes barrigas dibujan una preñez de esponjosas páginas de espuma.
Azul viveza Profundo sentir,
de las horas.
Ceniza rellenada de vida.
ESCOLTA DE LOS RUBIOS
Caballitos del sol.



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lunes, 18 de enero de 2016

Joven y bonita

Apéndice de hebrados sigilos,
plomadas alas de sucio deambular,

paisaje de gente reptando la noche, viejo ondulado mecido en sillas de mimbre confuso

Te me partes en el añascar de los silencios,
en ese éxtasis grumoso que se preña de tiempo y vainilla.

Para descascarillar los huevos duros en la mañana rota por el dolor,

Piedras que hunden las sombras en la blanca silueta de una figura femenina,

joven y bonita,
Como lluvia brotando flores en la delgadez
de una mirada que pasa.

Abres el candado del tiempo con la ligereza tartamuda del hipo

Anunciando caducidad.

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Hedonismo

Del sueño
salitre del viejo
mar que me penetra.
De espumosa locura
invertebrada que me
desnuda en esa mansa playa del mundo.
Azul infancia
me adorno de presencia
En el vasto páramo de una sala de espera, donde las aulagas de los enfermos,
aparecen movidas por el viento de sus corazones
pidiendo comprender el abismo interrogante al que nos lanzan las pasiones.
Y esa playa me contesta:
Que , sólo medramos por la sensibilidad que perpetra nuestras voluntades en la pasión sentida .
Y disfrutada plenamente,
en los arroyos que nos construyen de hedonismo.


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Los hilos de tu coraza

Mi delgadez sirve para
enhebrarte por agujas
de alegría.
Tejido elástico del corazón,
modelado por solsticios
concedidos en el rubor
del horizonte.
Me visto de ese paño húmedo que no encoge,
telar de paciencias que te pide perdón.
Por la tardía recompensa
de tu hallazgo.
Sin la inflación de las dudas carcomiendo la madera de las cuatro patas
de tu arquitectura.
Tenencia del amor prohibido.
Escoltado por los guardianes de mis anhelos
encuentro decimales,
en este infinito número de teléfono, que siempre comunica,
para intentar directamente contigo
hablar del florecer de nuestras pasiones.
Aterradas por violencias
que asisten al componer
de la brisa poética,
enredada en los hilos de tu coraza.


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Sueños de almendrada luna rota

Redil de cielos pardos
las lágrimas de barro,
crean ídolos de vieja
nostalgia,
fermentada como uvas
de llovido noctambular.
Ya, esa senda guiada por los sueños se estrecha
en cornisas delgadas
como los dedos de un saxofonista.
Su música es el delicado velo de tu ausencia,
preñándose del embrión
triste de tu partida.
Perpetraré un plan de fuga, para huir del desamor que me planta
en el balcón de la despedida,
y reencontrarme
contigo en ese extásis
de adrenalina, estallando
en el viento frescor de presencias.
UNA BRÚJULA ONÍRICA
me conduce a tus senos
hogar de los amantes.
Suicidios del jabonoso pudrir,
aún el tiempo me regala,
Sueños de almendrada luna rota.



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domingo, 17 de enero de 2016

Pulcro sensor de tu nacimiento

Las palabras que el silencio
expresa son múltiplos
de ausencias no calculadas.
El deseo te llama
difuso en los poros de una piel desnuda.
Trémulo gozo de una voz que no se pronuncia.
El hielo penetra como una serpiente reptando fría,
por una espalda sensible en la porosa desnudez de tu desdén.
En esa curtida llanura del placer no encuentro oasis ricos en compromiso.
Las criaturas de la noche,
acechan la densa amapola de tu llegada,
al corredor de los laberintos tardíos de tu mapa del mundo.
Hallo tu tesoro oculto,
entre armisticios de desorden,
Tan cándido como el pulcro sensor de tu nacimiento.




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Sin enfermos

Y si del desangrado turbio
de la tarde mohosa,
emerge dislocada la oncológica suerte, que tiembla como un borracho,
por la mañana.
No despertarás pellizco de
los días, donde tu imagen pasó inmaculada, como una botella en el fondo de una despensa.
Olor bodega perseguida de hilandez.
El último stand de los
desérticos hilos de la
Inocencia.
Brilla como un reloj
en la sala de espera de un psiquiátrico,
sin enfermos.
Sin permiso.


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Una relación equivocada

El ascua de la hoguera
se apaga lentamente,
como con timidez,
un escondite que la oscuridad hace suyo.
La última fragua ilumina
el silencio de los ojos.
Él desmiente su deseo,
Viviendo su mentira,
la luz le muerde su vanidad cicatrizándola
en una preñez dibujada,
en ensoñaciones castradas por la borrachera.
Ella se ausenta como la vida, cayendo al abismo gastado de los años donde
el tendón de la distancia.
La regala otra oportunidad.
Otra identidad.
Y la lumbre se convierte en la ceniza que a soplidos se apaga, como farolillos de una relación equivocada.


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Bocadillos llenos de desesperación

El rasurado de los días se ve en el terciopelo mojado,
por la crueldad.
escucho la mudez de tus deseos,
habito tu ciega ternura,
sacrificada de sencillez.
Lanar de hueso sin tuétano,
para jaurías de fábulas sin héroes.
En esta piara pulcro sentir de la domesticación,
me ceban de armonía económica, y el carcelario número de mi D.N.I,
va borrándose cifra a cifra, a medida que se acerca la matanza.
Los chorizos.
Ristras de vendedores de humo pluralizan el circo
mediático,
mientras el bocadillo de los niños, está lleno de desesperación.




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viernes, 15 de enero de 2016

Y no sabemos nadar

Surco el viento cortándolo
como ola navegada.
Desde el fragor de los vítores
que desnudos vuelcan
su esqueleto de voz,
sobre las espaldas del mar
roto, navegándose con rabia.
La quilla horada, y
siembra de esperanzas
todas las fronteras del hambre, se abren en la cara
surcos que también navega el tiempo,
costa, desliz de rapaces
la nada nos habita de
frialdades cicatrizando
el mar para ti.
Desde ese junco, desnudo
la mentira y remada a remada nos llega la hora
de nadar,
y no sabemos nadar.




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Tu voz

El terso timbre de tu voz
acaricia las palabras
como sosteniendo
la dulzura del trino
optimista del ruiseñor.
En ella la sordera se convence como eco difuso
y, leve que el temblar melodía de sonata temprana.
Anuncia trovador recitando respuestas,
escondidas dentro de corazas de ritmo y percusión.
La belleza escribe partituras de viveza que no se pronuncia.
Asciende como velo herido
en el horizonte disgregándose
donde sella
la ligereza que le sirve
Plomada de muro
a los pájaros del jabonoso brillo de su cante,
que con su cortejo,
hacen que la dureza de los días
olviden la fiera del invierno,
en un desliz de la naturaleza que promueve
sus orgías sonoras
sin que la sordera
del mundo
pueda callar lo que una mañana cualquiera
ocurre en el sótano de mi casa.
Los ruiseñores en su jaula
pronunciando la apertura
de la entraña rota de la tierra.
Óperas de cantores sirven de melodía,
al recitar de la alondra, cobija su pestañeo, con brillos de cuerdas de sol
adentrándose por la ventana, y ese fotograma, me hace abrir los barrotes de tu
jaula.
Nadie más escucha,
este melodioso brío de
tu voz que muere en la cavidad,
tersada de seda,
dentro de una mano pequeña.


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Un suvenir en una urna

Los relieves caducos
que los nidos de papiroflexia
mecen virginales.
Se recortan con el hielo
de las sombras reflejadas
en espejos desconocidos.
 Diásporas de dolor
te hacen desayunar
el germen clasista
del país ajeno.
Con margaritas deshojadas
por cualquier mujer.
trepas por una montaña
de prejuicios,
para cacarear el trémulo roce del cariño alejado cada vez más de tu costa.
La extrañeza pesca lombrices de un barril
engarzadas de nostálgica
bienvenida, amarrándote
en tu polaridad rotando como un suvenir en una urna.


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KM 0

Los huesos se deshilachan
como cuerdas trenzadas en la impotencia.
Un rumor de vahos
mutilan los reflejos
de despedida.
traumatología en la
sangre.
bidones de queroseno
nunca pronunciados por
la custodia de una palabra
ajena.
dibujan un río de bella plata derretida
Sobre moldes de un endoesqueleto futuro.
Unas nuevas piernas de
Km 0



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jueves, 7 de enero de 2016

Heridas de la mar

Las paciencias de brindis roto,
los lunares de suero decimal
el cuero de días mentirosos,
son la sal que rasura el miedo
de las zanjas.
Heridas de la mar.


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Levantamientos

Venenosa calma que me llama
clavel del mundo cuando pueda
trazar un abrazo que circule
las penínsulas del bronce extirpado.
El guillotinado pellizco de la sangre padece
una virtuosa oportunidad
y es el tendón de los días tempranos con el
salitre del viento humoso
clamor del brío como
vuelo de gaviota
suspendida entre corrientes.
El que rompe abanicos
de disimulo ventanal
y en ese limbo triunfar
con arrojo la merecida recompensa que mantenía
equilibrios con la parca
esquivada en el sótano
húmedo de la lírica.
Llena el mar de olvido.

Platino de brillo en ojo.
Girando como un disco
canciones de harapo
hilvanado
exprimido como gajos
de una mandarina abierta

Yo disipo mi suerte,
la mala suerte, con versos
de gasa limpia.
En el coágulo de los tronos
no hay hemofilia que disuelva el azul de los
reinados,
de pulcras metáforas
venidas a menos.
Se saben desde siempre
herederos del sangrado
de los pueblos.
Y de sus
Levantamientos.

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El último día de hoy

La mente está abonada
con sustratos de valientes
décimas.
De espumosa locura invertebrada que se lubrica de viveza.
De toda esa jactancia ilusoria que te pide competir.
Cuando en la carrera de fondo,
está dinamitada la meta.
Y, la sola participación te hace esclavo de la sociedad del bienestar.
Eyacula pues hijos libres,
que el guiñol busca marionetas de delgada y tardía sapiencia,
Segismundo soñando en su torre, la pesadilla de los roedores.
El sueño de la vida nos penetra de preguntas.
El último día de hoy.
Los terciopelos se empapan de
suavidad
lánguidamente los grilletes caen
a una laguna de oníricas envolturas,
la cebolla se abriga de capas mentales.
Irradiando la nostálgica llanura de los
héroes.



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lunes, 4 de enero de 2016

Día D

El vendaje de los héroes
huele a desnudos jirones
del ayer.
Mutismo de cefaleas cargadas como caballos militantes.
En un contrabando de la hiel hecha sábana de lujuriosos y desobturados días de vino y sangre.
La ondulada marea de las huellas,
se tiñe de recuerdo cuando
el mar escupe los disparos
cada ola desembarcada en el tamiz redacta la noticia de la victoria.
Ese día se preñó la libertad de huérfanos mutilados por la tiranía,
el ramaje del bosque
se petrifica entre sendas de arroz y guirnaldas.
Liberando Francia.



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La humanidad se preña de silencio

Espectral la huella de tu presencia
se disipa en el ámbar de los semáforos.
El cebrado de la carretera me encarcela
vistiéndome de preso sin vocación.
Todo el circuito está señalado ,
está direccionado hacia los laberintos
del miedo.
Entre esas fotografías de ejecuciones
Trapecistas de un enconado mutilar
sueño también en la envoltura
del terso psicokiller etiquetado
que es tangencialmente opuesto al
ajeno nombrar del héroe.
Ya disipándose en almohadas
de anclados ratones experimentales.
Dentro de laboratorios donde la humanidad
se preña de silencio.




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sábado, 2 de enero de 2016

Cangrejos de río seco

Tus espejos reflejan hilaridades de esponja muerta.
Ciudad de venenos
asfaltados como lágrimas
de sal.
Cristalizan suspiros
de nieve que se convierten
en muñecos de redondeces
antagónicas.
La parda calumnia me dice,
que los héroes estrangulan
el miedo llorando porque
les aterra desembarcar,
en orilla de barro y mimbre.
Y se reflejan cobardes
en radiografías de pulmón.
Transitada de precoces y
veladas noches de vino y canela.
El equipaje de las leyendas
está escrito por imberbes fumadores de adrenalina
para cangrejos de río seco.


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Paredes de insumisión

 La violenta otredad del dedo acusador
rancia llegada del intruso a tu raíl de vagones
Serpenteando oportunidades.
Te deja desgarrado como traje de bodas por
los perros rabiosos de la desdicha
inyectándose en la vena un cemento político
de familia con velcro.
El mutilar del desorden adverso,
deja la parálisis del cariño sin comerse
su pastel.
Y en el cementerio de la sangre,
la descendencia hereda la piedra de
las lápidas de los corazones no robados.
Su frialdad de iceberg hunde los trasatlánticos
del suicidio empotrados contra paredes de insumisión.
 
 
                                                                                                                                                                          

 




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Ovillado bienestar

Los estibadores del silencio
trabajan en los muelles de la sumisión
Campanas bajo ángeles
de sucios pronunciar,
meditan tartamudos un
orgulloso desdén de soliloquios.
Ninguno deshollina la palabra de sus gargantas
sin embargar el propio voto de su oscilada urna.
Tenencia obligada por la urdimbre del desalojo del ovillado bienestar.




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