Sinuoso desliz del tiempo
cuando guarecido el tensor
vibra ausente de incógnitas
desiertas, como única preñez del
mundo, se estira el nervio en la llanura
del pelotón, que allí desayunando
en agravios dentro de balcones los
pétalos de amarillo trenzado
caen como las fichas del dominó
al mustio enjambre de la ausencia.
Palidecida de armónicos collares
creando el esbelto cuello del cisne.
Reservados todos los derechos©
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