lunes, 26 de diciembre de 2016

La sombra del sol


Trémulo gozo de ayer,

primarios sostenes del mundo,
caprichosos sextantes nos hacen
viajar por la infinitud, 
de los océanos que inundan
nuestros paladares.
Sendas de cordura nos piden
luchar en la enfangada rayuela
del atlas de los hombres, para desde la aventura del viaje
construir una avezada recompensa que haga de nosotros, brújulas buscando
la virtud y así perdonar la suturada herida del andamiaje
que calcina la iniciativa por la que somos ícaros cayendo derretidos en la sombra del
sol.








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Cambiándole cromos a la muerte


Como aquellos cromos que

pasaron por mi vida, despegándose del álbum gastado,que en las noches viejas
vacías brujuleara la mentira y tan solo el parpadeo
de mis ojos, fuese el cronómetro
que marcara las horas de los años uno tras otro.
cayendo derretidos en las mil hojas repetidas.
Entonces yo estaré en las orillas de las palabras del discurso del
hambre, cuando alguien despierte de algún letargo minutado en delirios de sospecha allí estaré yo.
Cambiando cromos con
la noctámbula desgracia del
hambriento, con la llaga
deshumanizada de la compasión en monoblocks,
del argumento Prensador,
como lija de hojaldres que pasan las hojas del asfalto de mi álbum dañado por la nostalgia.
Allí estaré yo.
Párvulo bocado del halcón,
en guillotinado cadáver del año,
Testaferro del mundo caprichoso, deja de cobrarte
los impuestos de los recuerdos.
Allí también estaré yo,
cambiándole cromos a la muerte.






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La máscara a la madrugada


Candiles de brillo malva,

agotan la tentación expresada
en el escenario,
los payasos somos equilibristas
con lágrimas de mármol enraizadas en el himen de la noche, cada función se reposa en un recodo de la pupila encendiéndose en la oscuridad
como filamento trasgresor.
Y habla la bohemia velada tatuando la emoción con risas azucaradas en el postre que digieren los artistas , elenco de sentimientos bañados con absenta cilíndrica.
En el éxtasis vertical los relojes mastican el arte como horizontes engullendo los días y
esperando los brotes nocturnos
Que pastorean al público hasta quitarle la máscara a la madrugada.




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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Vacunada por vos.


El sol negro escupe sus rayos

como alquitranados reflejos de su ser.
Un chapa pote sideral, que anuncia exclusión.
La débil llama obtura largos péndulos de onanismo
endureciendo la primavera de los hallazgos con sólo gotitas de perfume en sus bragas.
vuelve locos los trenes del desamor, y llena de sobriedad a la cándida batuta de lo real.
Sólo los necios no saben expresar los riachuelos de su mar.
Aquí desde el mío la dedicación
Se sirve fría nostalgia de un brillo anterior, el mismo que refleja la castidad..
Vacunada por vos.




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El amperaje de la razón.


Madres de los lirios del sol

buscáis el reflejo del primer amor, del primer color
del primer sabor.Hijos de interrogaciones guardando el pórtico.
los calostros no huelen, la impermeable sed umbilical.
Tardíamente dejan que caigan del velo
Que la ancianidad debe despojar de impulso, y la rabia
desnudar las tempranas estaciones bajo la petulante huella del héroe.
Que se forma en vuestras cunas
despacio..
Bajo la protección del ángel sembrado de virtud y lirismo.
Entonces sabré servir la añeja pureza de la realidad en chupitos de espléndida dedicación.
Sin tocarte.
Solo el amperaje de la razón
me impulsa hacia una nueva
verdad.






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Nuestro propio jurado


La nube rota de tu corazón.

Empapa las paredes del mío riachuelos escondidos en las venas izan la herida que del
miedo multiplican el sollozo último de la amargura.
Quemada como incienso se esparce ligera la llama de tu rencor. 
Mutilo yo mi ambrosía,
esa malvarrosa que décima,
a décima piñetea la multitud,
Donde lánguidamente el reloj húmedo pasa sus segundos escurriendo el tiempo como
gotitas de néctar caídas al enjuga lágrimas del orador.
Y entonces en esa postal dividida dicotomías del mundo virtualizado dirán de mi, dirán de ti, que el leve tensionaje del dolor, nos ayudó a agrandar el
alijo pavimento de la carne 
Carniceros del amor párvulo,
Bacanal de tu intenso gozo,
saber así que después nos añadiremos llenos de imparcialidad ante nuestro propio jurado.





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Actos de ligereza obsequio y detalle.


Nalgas de tierna nieve

la vejez huye escurrida como
mugriento pasaje de salud
bajándose en la estación de la inercia ,un paralelo trámite de desnudo, que empalma el plomo
de la bandera izada.
Bajío terso del lunar estrella que el cielo une casiopea ,con otras galaxias del deseo, a través de los puntos que en su furor
maquillan la celosía cabrita
de los amaneceres.
Montes de pliego ,llanura , rasparla la tentación obliga a vencerla con actos de ligereza ,
Obsequio y detalle.




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El pez que habita en nosotros


El pez que habita en nosotros

se desliza por todo la cantata
del poema, recorriendo cada milímetro de su mar.
Huido y encapsulado en la pecera de los sueños. 
Que arrebata tardíamente
su ignorante memoria.
Vibrar fuera del molde nos hace a todos nadar la tierra donde se plantan huidizos peregrinajes
hábitats del nunca mutilar de los sueños, que construyen
silenciosos lenguajes de supervivencia.


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jueves, 8 de diciembre de 2016

La impermeable inercia del adiós


Tierra de umbrales tardíos.

Fronteras del abismo nácar, paréntesis ,delgadez del
color no mezclado.
La llama se sombrea entre las
piernas de los ángeles, sus sexos
adivinan la espesura del tacto.
Tibieza rota del eco escondido
en la bruma del tumulto humano.
difuminando las letras de tu nombre plural del mundo.
Dime locura del trapecio
ese disimulo de Este a oeste
me agita bámbola circense.
Sonámbulos tensando alambres de gaviota par impar.
En el azul vejez,
infancias con aduanas de la vida,
Somos todos camareros del mismo comensal, el torturador
Delirio de victoria, en sociedades de superhombres
raspadores del dinero boquerón, en un destripar de las entrañas milenian en incubadoras, 
terciopelos de harina hacen grumos de la seda
moldura privada de la impermeable inercia del adiós.





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Muertes sin autonomías


Tierra de umbrales tardíos.

Fronteras del abismo nácar paréntesis ,delgadez del
color no mezclado.
La llama se sombrea entre las
piernas de los ángeles, sus sexos
adivinan la espesura del tacto.
Tibieza rota del eco escondido
en la bruma del tumulto humano.
difuminando las letras de tu nombre plural del mundo.
Dime locura del trapecio
ese disimulo de Este a oeste
me agita bámbola circense la parálisis de la inercia.
Funámbulos tensando alambres de gaviota par impar.
En el azul vejez,
infancias con aduanas de la vida,
Seremos todos camareros del mismo comensal, el torturador
delirio de victoria, en sociedades de superhombres
raspadores del dinero boquerón, en un destripar de las entrañas milenian en incubadoras, 
terciopelos de harina hacen grumos de la seda
moribunda de los corruptores llenos de lírica
con tanto dolor como lluvia ácida en la corrosión de los mentideros.
Moldura privada de la impermeable inercia del adiós.
Gotas de vida mezcladas con
muertes sin autonomía.


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En la palpitación de las orillas te encontré


Patíbulos de flores recortadas

por mimos jardineros .
Así los juegos florales son una expansión de llanuras que en los muslos siembran recuerdos
oasis, deleite del numerador de los días como hojas de calendarios cayendo al pozo del sol.
Tal vez morir.
En el intento pegajoso, la saliva de los días desinfecta paladares de sarnosa locura, 
como lombriz en la manzana va tunelando la hora dura minutos enrollados como brocas de taladro que miccionan en la piel de la madera una búsqueda.
Ella esperaba la deserción del imberbe soldado, pero encontró la heroicidad del aliento regando las flores que el ayer
plantó en su brújula llena de destinos que nunca conoceré.
Sólo cruces en un mapa lleno de velocidades,
Salvar la abnegación nos ordeña la mala leche.
Del agrícola versar de los
mundos del agua dura
Haciendo hueco en la palpitación de las orillas
te encontré.




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La intangible levedad del ser


La armonía del suero dibuja un río

de sangre por todos los contornos
que la sierpe hilvana descubriendo las afluencias mitológicas del árbol que oculta sus raíces.
Y ya delimitadas las hermandades de la lógica siguen ocultando,
una cegadora tensión del hallazgo de la vida.
regando las orillas de esas mismas raíces.
El mapa practicad del dolor aun no experimentado,
es una envolvente arma de inercia,
que nos perfila por todos nuestros miedos,
hasta la llaga final.
Donde la aventura del conocimiento
descubre la experiencia como la intangible levedad del ser,
recolector de frutos llenos de paciencia.
Plantación del árbol de la vida.


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