La niebla que trae la amante
se mezcla con el humo
de un cigarro encendido
en la espera.
La noche se esconde en él
turbia como siluetas mojadas en el río,
carruajes de espinoso placer llegan
entre el misterio prematuro
del desenlace arterial.
Cuando la aguja teje la cicatriz
del herido fuego
que los cuerpos broncean en
la irradiación de pasiones secretas.
Ahí también terciopelo de suaves
caricias la bohemia susurrada absenta
escala por los peldaños surrealistas
del catador erótico que brinda
lluvia sobre teclas de un piano de cola
brillando en la temperatura como un
fragor de lucero ensimismado en esa tienda de velas encendidas
que en sus ojos ralentiza la madrugada los
placeres de sus orgasmos.
© todos los derechos reservados
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