Candiles de brillo malva,
agotan la tentación expresada
en el escenario,
los payasos somos equilibristas
con lágrimas de mármol enraizadas en el himen de la noche, cada función se reposa en un recodo de la pupila encendiéndose en la oscuridad
como filamento trasgresor.
Y habla la bohemia velada tatuando la emoción con risas azucaradas en el postre que digieren los artistas , elenco de sentimientos bañados con absenta cilíndrica.
En el éxtasis vertical los relojes mastican el arte como horizontes engullendo los días y
esperando los brotes nocturnos
Que pastorean al público hasta quitarle la máscara a la madrugada.
© todos los derechos reservados
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