La obediencia abanica los segundos estriados del compás
claudicado, exploración de la armonía confusa enlazada de desilusión.
Es el agrio deseo contra la reputación,
que aliña la fragancia podrida del aburrimiento y cobardía.
Es la balanza de añada castración del rock and roll
militando en el rodaje del interior como piedras rodando por la vida sin sentirla.
Una fugaz prestidigitación de
valentía y una mordaza como un bozal político amenaza toda
la dignidad sin que dejen un papel protagonista a los esquejes de la rebeldía.
Cimentación del pulido y forja de los crisoles educativos,
miran a lo lejos el amperaje del nervio candente donde los buitres rondan las terrazas de la noche.
Reservados todos los derechos©
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