En los atriles del yo ignífugo
las palabras arden y saltan
como palomitas cosidas en
un hilo invisible.
La teatralidad domada por
gaviotas, hambrientas
amaneciendo en los relieves
del litoral, descubriendo las
manos mágicas del rumbo dormido,
cuando llega el adiós a suturar
apagándose la llama en el domingo
la verbalización de la fuga resuelve
tu último destino, frente a la pantalla
del cine.
Reservados todos los derechos©
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