sábado, 10 de febrero de 2018

Nadie corre a salvarla


Hambrientos de solsticios la nervadura, se fatiga con los trópicos

en una roca, golpeados de silencios.

Líneas de dolor musitado, candente
inexistencia que muge como una agonía, preclara absoluta niñez,
del antojo.
Dice de si que la biopsia
conduce al anfitrión de las lunas
a engullir miembros del ocaso.
Cuando la virtud está afilada

nadie corre a salvarla.






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