La insalubre negación de cada deseo
interno
se resquebraja por las bolsas de los sentidos, que se lanzan e inmiscuyen
rotatorios en pleamares del rigor.
Casi un curso de alfarero me autoriza
a campear la sombra del instructor.
Que nos vigila de la sumisión traicionera, se adueña de ti
sin permiso. Y no te olvida
hasta relamerse las heridas de la traición.
Reservados todos los derechos©
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