martes, 14 de junio de 2016

Cincuenta pesetas cada tarrina

Después de
descorrer el velo
la belleza era como un aluminio
que envuelve la carne del bocata
 salgo de ese avispero que en la nuca
de tu abril culminó una colmena
sin reinas.
 Sólo las celdas eran como dianas
de entrenamiento.
Que el estío sonorizaba
con el zumbido provocado
 por la pedrada que partió en dos
 al avispero y que en la entrada
a la residencia de ancianos en la que estaba
 clavado
 otra colmena. Ya anciana llena de helados de tarrina blanca
nos calmaba el caluroso y zafarrancho esparcir hacia todas partes
de la travesura.
Descubrí en mi labio muriendo e hiriendo mi valentía. Una avispa
Se durmió con la espalda del verano picoteado con la única
resistencia que tenía
 la amenaza de las avispas mantenía
 las visitas a la residencia a raya
 aislada con un último
 picotazo por sufrir
los ancianos esperaban que la muerte
también muriese al perder su aguijón mientras comprábamos.
Cincuenta pesetas cada tarrina.




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