¿Sabe el mirlo la lujosa esbeltez de su canto?
Picotazos que hieren la paredes estrechándose
su nunca rotura del vello puntiagudo
de su jaula.
Candados del miedo blanco
atriles que consumen el tú
vibro amenizado del nosotros sujetos
al desdén plomar de noches de vómito
látigos del cielo reconvertido en ciencia
¿sabe el mirlo lo jugoso de estrecheces
cuando frito lo devoran
mercaderes del silencio?
rapadores del vello
ornitólogos carnívoros
vagabundos en islas de la razón
para oír y dulcificar nuestro hambre, nuestro naufragio
cómete la jaula habitada por ti
salir de allí es acabar con la sonora,
plegaria de la ambrosía musical.
Que alimenta.
El brío de la caracola suicida.
© todos los derechos reservados
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