Te perdiste infiel en la neblina del dolor
acusado
en la tenaz burbuja del desaliento,
tú, escultural guiaste la mano que te perfilaba llena de lirismo y comba.
La nutrición del destino brotó inflamable ante la erudición del
compás de la creación.
Tu pausa y vibrante artesanía confluyó como la inmaculada
Campaniflor desflorándose en imberbes nidos de nacimiento.
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