Mi mundo se entremete por las costillas de la noche,
La erosiona hasta ver un rostro
con piel de ocaso, que se suaviza entre polaridades del centinela
aturde su involuntaria presencia,
en candente caída, pero breve disimulo del amperaje que el sueño
maniquí premura del trovador
hierática mano del mundo
dejándonos calibrar el lloro.
de su suerte.
Reservados todos los derechos©
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