La primavera recorre los días con la panza hibernada en el claustro
del miedo.
Emerge aunque a veces sin nombre
sólo la estrechez del mutuo desorden
que amparase la piara mortecina
del acorde, de un todo que evade su transparencia con una mínima teoría molecular las preñeces, de las sonrisas contagiosas, nos envuelven
dialécticas las ranuras mitómanas
que tienen cremalleras, absueltas en un inicio de migas que los ratones no pudieron rechazar.
Reservados todos los derechos©
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