Todas las piedras se erosionan
entre dorsos de una juventud calibre
cañón.
Ruedan entre las puertas del cielo
candentes muertes del ojeroso bambolear del intruso.
Y así la llama acude somnolencia
del atroz rugido del tabular.
¿ Por qué la desidia se come la niñez de los juegos y juguetes que nos hicieron una vez felices? Si no que
el preámbulo de la mirada hace cauce de un misterio no elegido.
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