Arlequinadas sospechas
del hambre insultando los estómagos,
preludios de incoloras banderas
de angustia no se merecen
la pesca del surco en raíles
de cortijos, amparados en la ira
que de la noche abierta en los
puentes amanecen disturbios
entre sangre de hermanos.
Espías en los zapatos
miradas de ausencias repiten
como loros dados cuerda
el mensaje de la autoridad.
Esnifa una raya de sal
la dorada cuando oculta su espalda.
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