jueves, 26 de octubre de 2017

La inmaterialidad del sueño


Las veces que me he muerto

al ver matar a una madre.

Cuando el aullido ingresa

en los desvanes donde juegan los niños, la intransigencia hereda
lacras de humillada paciencia.
Princesas de premios edulcorados con donaires en estribillo,
la canción del pajarico
ilesa desnudez en tejidos de un mutismo
que mata más rápido que la
violencia doméstica.
El maltrato nos rompe en mil trocitos
sin embargo guardamos la forma
como lo hace la naranja escondiendo
sus gajos exprimidos.
Guardamos la apariencia
la plástica de un mutismo
que nos come la reputación
cuando nuestra vergüenza
no explica nada, si no que esconde
sin saber que la ilusión se convierte en una dureza en el corazón.
Procreando perezas en la inmaterialidad del sueño.








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