En ausencia del mirlo que se mezclaba con la muerte
las incursiones dejaron
una mística floreciendo
arraigada en la unión
del trovador.
Ese silencio escuchado
con el sigilo del orín
dibujando una media rota por
todo el cuerpo. Y concede somnoliento, las tardes de amargura
que muda la réplica de los nervios cuando se despiertan los cielos.
Reservados todos los derechos©
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