martes, 8 de mayo de 2018

Lleno de serena convicción.


Los besos higiénicos

se preñan de indultos
cada paciencia crea una voladura
casi callosa,
una rosa sin olor pero fresca como
la mañana metálica, un dios de pieles
y rugiendo en la llanura con su motocicleta el bravío animal de acero.
Toda la añada deja flores en su tumba, su capital sella con sangre el lacre de sus cartas.
La vida la vomita en ese espesor de cuchilla forjada con fuego de miradas
antes heladas, y ahora la muerte crece
en el horizonte del motorista,
donde el arrebol se pone candente con la ignífuga y solitaria sonrisa
cuando marea la quietud del contrato, y avisa de su cumplimento
entonces ahí, el dueño, el casero y el inquilino, viven el mismo anochecer.

Lleno de serena convicción.





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