lunes, 21 de mayo de 2018

La enfermedad de los palacios


Sólo encuentro, la senda de mi huida, cuando veo en tus ojos la ferocidad

con la que me defendí y después me despreciaron. En un indulto de velocidades cuando puse direcciones
al camino que encontré.
Medito los laureles de la corona nocturna
en la que el sordo somnoliento,
astucia de un depredador
se agranda talismán absorto
en la vacuna llorando por todo el cuerpo, la enfermedad.
De los palacios, sus corredores

y su inmensa y vacía estancia.









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