La tristeza envuelve con fina capa de piel, el dormido rincón del miedo.
Huyen los nombres sin sus apellidos.
Los recobra la liturgia del hambre.
Palideciendo de astucia y búsqueda
de sus raíces, injertadas en un solo
ser lleno de envidia, deporte nacional. En cada silla.
Reservados todos los derechos©
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