La luna rota por el disimulo del sol
se añeja fecundidad del vino en cautiverio. El patriarca del mundo
dormido, sanguinaria esbeltez del cigarrillo, fumando un rubio.
En esa densa brea de cariño
resbala con tranquilidad,
la desgastada llama del horizonte
que en su tráquea de lumbre
admite coral del nicho, la unidad
plañidera del ocaso.
Cuando la epilepsia de la rabia cimbrea.
Mi cuerpo aun recuerda todavía
el tuyo.
Reservados todos los derechos©
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