domingo, 3 de diciembre de 2017

La tortura calibra balas de amnesia


Nadie compuso pétalos de anís

en la efervescencia taciturna del querer.

Alguien dio su nombre verdadero
cuando en las salas de paritorios
de la policía, te hacían volver a la inocencia, tras un interrogatorio.
Otros eran tirados al profundo azul
medio drogados, sin oportunidad de
desdecirse, o incluso testificar y evidenciar que no sabían nada.
Las triangulares caricias en los
asideros de lágrimas, profundamente
horadaron nidos de pieles y absurda
nostalgia, tan llana que se enredaron
en los cruces de caminos, y quedaron varados sin memoria.
La tortura calibra balas de amnesia.
Pero en los recodos infiltrados clandestinamente en la herida

nosotros no olvidamos.







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