En las pulsiones, en los latidos
muerde mi mundo el eje
que lo asa lentamente
como si fuera un pollo.
No merecía la inquina
el desorden del miedo
el patíbulo de los deseos
los besos del amperaje
de toda mi intimidad
sólo con las lágrimas.
Vertidas mantendría
la balanza de los torpes
lejos llamaban ardiendo
la voluntad de no ser culpable.
Reservados todos los derechos©
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