miércoles, 20 de enero de 2016

La conjetura malvada de las cosas

De limo y violáceo velo.
Caído de pestaña en enrejado celador

Me encuentro con la sal del océano.
Los saleros que el silencio vacía de moratorias abrigan muslos
de mi ayer.

Hilan mi encuentro contigo hacia mármoles
venas y afluentes removidos por la azada
Tardía del adiós.

En el fondo de la abisal
Fosa los huesos emergen
ahogados lamidos por el tiempo,

Y en el polvo disipado,
Me relleno de ambrosía,
para la próxima vez
sembrar de risas la conjetura malvada de las cosas.




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