El yeso que ocupa las rendijas del pecho.
Se hace espesa y sentida,
decadencia cuando este palpita, un dolor a muerte,
seca como el enjuto sentir,
de la negación.
Esa argamasa que pide temblor de noches estriadas para que ablanden la oscuridad del hueco, tapiado, trémulo gozo de añoradas pasiones,
ya interrumpidos conciertos del corazón.
Que anunciarían un poso de masa por donde ya no habría fugas. Su suerte.
© todos los derechos reservados
Se hace espesa y sentida,
decadencia cuando este palpita, un dolor a muerte,
seca como el enjuto sentir,
de la negación.
Esa argamasa que pide temblor de noches estriadas para que ablanden la oscuridad del hueco, tapiado, trémulo gozo de añoradas pasiones,
ya interrumpidos conciertos del corazón.
Que anunciarían un poso de masa por donde ya no habría fugas. Su suerte.
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