Patrulleros del tajo, que en el vaivén
mutilan el gozo
de seducir a la muerte con el tango
para tres.
La llave que abre las piernas de las mujeres, no está bajo el mar.
Está atada a un collarín de un perro rabioso.
Abandona toda idea de redención
preñeces deambulando por un sendero de abanicos y flores de loto.
No te encuentro ya en mis versos.
Te has diluido como la infusión del orador, que con su versar no alcanza
a que sus renglones se claven alguno
en la mazmorra del pecho, donde el búho sigue despierto, buscando la razón de
todos estos despropósitos.
Que mantienen tu ensueño cerca del éxito.
Reservados todos los derechos©
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