Musito un beso malherido
que cuando se me dio
el hinojo de la seducción caprichoso olía,a verano recién regado, los setos arizónicos.
Desprendían el huésped húmedo, era un surco de olor a vacaciones
donde nadie se preguntaba más allá
de qué sería en los próximos dos meses.
Pero la sed del iluso acrecentaba un minúsculo átomo de deseo que rodeaba un halo de decepción.
Tan solo una enorme cifra, un contador de perdedores donde sumábamos apáticos descubrimientos de la media insatisfecha que crecía hacia la parte de la sociedad que no querían enseñarnos.
Y que al averiguarla sería el hundimiento de la magia, soportado por el desierto de lo real.
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