Los sucios nombres se metieron en bombos de lotería
ya nadie comía la insurrecta palidez del beato.
Sólo los anuncios habitaban la precocidad.
Y eran precoces en todo lo surreal
las láminas del cuento estaban roñosas cabizbajas del sordo amanecer carmesí, que en el horizonte encendía la mezquindad
de bordes dorados y lacre.
Sellando las últimas cartas del desamor corrompido por vulnerables vientos de guerra.
Reservados todos los derechos©
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