Mirábamos desorientados murmullos del búho que enfocaba sus pupilas hacia lágrimas hechas pájaros.
Entre barrotes el trino musgoso del gorrión abría esos codificadores de metal como dentaduras del marfil cauteloso.
Masticando el día en la agresión de la escapada y ya no volvería a alimentarse de pena y dolor.
Los pájaros envolvían minucias de hiedras acariciando hacia arriba el desecho de la mentira.
Para comprender que tu techo
eran bóvedas transparentes.
Una enorme lupa candente de sigilo
y ocultación.
Rapaces que fotografiaban con sus
obturadores la desgana del que mira hacia arriba y no puede volar.
Reservados todos los derechos©
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