La tráquea de los silencios
está vaporosa, cantando bulerías
en el recodo del camino.
Pellizco de bravura que alimenta el éxtasis y su duende de aladas reconciliaciones,
candor del mástil traqueteo del quejido nombrar.
Pasiones de la laguna tolerancia del abismo donde el himen del lenguaje
deletrea suburbios de cuarentena no hablada.
En un insospechado miembro del coro de esclavos de Verdi,
En el Nabucodonosoro.
La inflamable emoción prende calibres de tonos llamados artesanía
del muro añejo del mundo picoteado
por el cuco de un reloj que se duerme
que se estanca.
Reservados todos los derechos©
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