Los soliloquios cuajan en el abismo
de las soledades,
en el anclaje taxidérmico de los sueños
que miden los orgullos y las paciencias tardíamente,
en el sonido de los adioses,
las carencias y taras dibujan un contorno de piel con piel.
Aullidos que se quedan grabados
en los columpios pescadores de óxido.
Tan solo reconocer la pureza de los ópalos, que en tus ojos hicieron lágrimas de miel.
Reservados todos los derechos©
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