Deshollina la crudeza los ramilletes del rumor,
en vuelo picado hacia el nudo del descorrer
plácidos muelles de argenta, que con sus brillos
remueven la plata del atlas traficando la voluble
amazonía.
Allí donde el cóndor majestuoso
rasura los vientos del mordido arenal
buscando la picadura del bello amanecer
que a todos nos infecta
y la noche a todos nos desinfecta.
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