domingo, 26 de noviembre de 2017

Una sala de espera que parece un precipicio


La guitarra rasgada como la voz sin nombre ternura que te pide memoria

en la estación parlante ahuecando alas de miedo vacunado.
Así es imposible carecer de desiertos
que te rodean, dentro del único oasis
que hay entre tú y mi sexo.
Bebamos de la gloria cópulas de oro
tamizado, de sinsentido.
La absurda delicadeza nos pupila
en la sin razón del corazón, dañado
por la espera y la desesperanza, cada una de ellas tiene sacado un, número
en la sala de los psicóticos, una sala de espera que parece un precipicio.







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