Descender en la última aguja
pinchando los dedos, cuando
dormida la mano de trapo
te anima a desmontarte
como un muñeco en la iridiscencia
del brillo cautelar de los ojos pintados en la amargura.
Y salir del despecho carnal
cuando la marioneta cobra vida
y te tira del brazo por que se te acartona
por la medicación, el orfebre
que te modeló mutila la ascensión del
telón en primarias virtudes del deshoje.
En este otoño mentiroso
que vuelve tras las piezas maternales
a arreglar en sus talleres las marionetas en desuso,
que otra vez mueren en tus dedos
con el pinchazo del duermevela.
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