La ajada cara del pantano
se seca llena de indefensión
su huella lanza un raciocinio
impoluto, pero débil llamada para
navegar el ansia de los recodos
del camino.
Los perros rabian la antigua
epilepsia, militando agrícolas
campañas de drenaje, para
regar la sequía del mundo
apremiado de socorro.
Allí donde el flamenco no hunde
sus patas finas como ortigas de miel.
Vulnera la tibieza del ladrido en el
que persigue la naturaleza su certeza en
ejemplo de indoloro rasguño de la corteza otoñal.
Reservados todos los derechos©
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