lunes, 8 de febrero de 2016

Ese bramido mudo de la adicción

Viajo amamantado por el néctar de la noche,
el humo tatúa tu nombre en mis labios.
La carretera se come el haz de las luces que en tránsito,
Merodean el desliz del tiempo transcurrido en mis faros llenos
de dolor.
Al otro lado del país me esperas tú
Mi temblor de manos sembrará dentro de muy poco a todo el cuerpo.
Ruedo como una piedra escrita con mala intención.
La suerte despreciada que mi pasión
hizo confundir la arquitectura de los relámpagos
desplomados sobre el bosque de miedos donde nos perdimos.
Y uno de los dos sobrevivió.
Te busco en este crematorio de agonías.
En ese bramido mudo de la adicción.





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