Llueve en mi sangre.
Las venas electrocutan
la mirada del orfanato.
De la hiedra de ese vaivén
nacen flores con el sol
del invierno.
Nunca pronunciamos
la palabra " más "
no existe en nuestro vocabulario teatral lleno
de drama.
Somos líquenes de pistilos no abortados
príncipes de Maine reyes de Escocia.
En las islas trémulas de la jaula del pecho
un gorrión canta a la infancia su quebrada soledad.
Y lo alimentamos de esperanza y sueño.
Hasta que los últimos vagones del tranvía de lunas escondidas
mezan arrullos de miel en las espaldas.
© todos los derechos reservados
Las venas electrocutan
la mirada del orfanato.
De la hiedra de ese vaivén
nacen flores con el sol
del invierno.
Nunca pronunciamos
la palabra " más "
no existe en nuestro vocabulario teatral lleno
de drama.
Somos líquenes de pistilos no abortados
príncipes de Maine reyes de Escocia.
En las islas trémulas de la jaula del pecho
un gorrión canta a la infancia su quebrada soledad.
Y lo alimentamos de esperanza y sueño.
Hasta que los últimos vagones del tranvía de lunas escondidas
mezan arrullos de miel en las espaldas.
© todos los derechos reservados
No hay comentarios:
Publicar un comentario