Me abres pequeños atardeceres inventados en tus ojos.
Me llenas de mordiscos lunares donde la sonrisa abre también pequeñas bahías.
Relámpagos de leche llenan de temblores nuestras horas de espuma complacida.
Nadamos juntos una marea mitológica que nos bebe como corderos sacrificándose.
Así crecemos dentro de un cuerpo ya crecido, dentro de cada uno. El otro. Se reafirma.
En que por fin algo nos completa .Y es la poesía que hallamos del otro la que tuvo la culpa.
La que sostuvo la balanza de nuestros miedos, y la que balanceó el columpio de la niñez.
Unidos desde siempre por el juego que nos escondía. Encontrándonos en nuestros versos.
© todos los derechos reservados
Me llenas de mordiscos lunares donde la sonrisa abre también pequeñas bahías.
Relámpagos de leche llenan de temblores nuestras horas de espuma complacida.
Nadamos juntos una marea mitológica que nos bebe como corderos sacrificándose.
Así crecemos dentro de un cuerpo ya crecido, dentro de cada uno. El otro. Se reafirma.
En que por fin algo nos completa .Y es la poesía que hallamos del otro la que tuvo la culpa.
La que sostuvo la balanza de nuestros miedos, y la que balanceó el columpio de la niñez.
Unidos desde siempre por el juego que nos escondía. Encontrándonos en nuestros versos.
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