No veas este rostro, de
nácar encendido,
de luna polvorienta
que tiene hemorragias
transparentes de lluvia
ensuciándose de ternura.
No veas esta espalda quebrada en el miedo pidiendo que no la humilles.
Por el tahur de corazones desprendidos de una baraja envejecida,
juego todas las veces su destino. No mires este brazo deshecho,
entrada de ambulancias rodeadas de salidas donde el fármaco hace claudicar
a los vencedores trotando
respuestas con voces susurradas al olvido,
que me mancha y no me deja en paz.
Y siempre me recuerda solsticios de llagas enfermas en mi mente
Trasquilada como una oveja esquizofrénica.
Temido llanto de fuga.
No mires llorar las
piedras.
© todos los derechos reservados
nácar encendido,
de luna polvorienta
que tiene hemorragias
transparentes de lluvia
ensuciándose de ternura.
No veas esta espalda quebrada en el miedo pidiendo que no la humilles.
Por el tahur de corazones desprendidos de una baraja envejecida,
juego todas las veces su destino. No mires este brazo deshecho,
entrada de ambulancias rodeadas de salidas donde el fármaco hace claudicar
a los vencedores trotando
respuestas con voces susurradas al olvido,
que me mancha y no me deja en paz.
Y siempre me recuerda solsticios de llagas enfermas en mi mente
Trasquilada como una oveja esquizofrénica.
Temido llanto de fuga.
No mires llorar las
piedras.
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