La jauría del trámite no superado,
los minúsculos candados del ayer
todavía guardan el desayuno de los inocentes.
Ese discurrir melodioso de las horas,
péndulos de vida acartonada entre los
éxtasis del acoso, caen en sacos añascados de estúpida
demencia, tan llena de desorden,
que la viruela de la negación no deja de contagiar,
el desfile de preguntas con rostro.
© todos los derechos reservados
los minúsculos candados del ayer
todavía guardan el desayuno de los inocentes.
Ese discurrir melodioso de las horas,
péndulos de vida acartonada entre los
éxtasis del acoso, caen en sacos añascados de estúpida
demencia, tan llena de desorden,
que la viruela de la negación no deja de contagiar,
el desfile de preguntas con rostro.
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